Fui a un colegio franciscano, escuchando la vida y obra de San Francisco. Esta historia que fui atesorando durante mi niñez siempre me cautivó. Por eso cuando visité Roma decidí quedarme un fin de semana y recorrer Asís, conocida mundialmente como lugar de nacimiento del santo patrono de Italia.
A sólo 145 km de Roma aparece esta ciudad, como colgando de las laderas del monte Subasio. Es una antigua ciudad romana con restos de un anfiteatro, termas, la plaza del Senado y un templo del 25 a.C. dedicado a Minerva. También hay vestigios de una antigua muralla, con dos inmensas puertas hoy conocidas como las puertas di San Pietro y di San Francesco. Posteriormente fue ciudad medieval, lo que se refleja en sus casas, las calles estrechas, las pequeñas plazas e iglesias románticas y góticas.
El destino de esta ciudad fue marcado por un conflictivo período feudal durante el cual los nobles, casi sin recursos, formaron un ejército con los hijos de los ricos burgueses. Uno era Francisco Bernardoni, que posteriormente sería San Francisco. Al terminar esa guerra este joven cayó prisionero. Cuando fue liberado, aquejado por una enfermedad e insatisfecho con la vida que llevaba, decidió servir a los pobres. Renunció públicamente a los bienes de su padre y creó la Orden Franciscana con el solo objetivo de ayudar a los necesitados.
Al caminar por sus estrechas callecitas, pintorescas y tan peculiares, que parecen detenidas ante los avances de la civilización, llegamos a la basílica de San Francisco. Esta fue reconstruida varias veces, de ahí la existencia en la actualidad de dos iglesias superpuestas, las cuales constan de una fachada y un campanario que data de 1239. Lo más importante de la inferior es el santuario donde reposan los restos del santo. Hay que estar ahí y ver cómo gente de todos los cultos se inclinan ante la cripta y hacen sus plegarias. Me llamó la atención cómo la mayoría de la gente lleva fotos de sus seres queridos y piden por ellos dejándolas junto a los restos del santo para que los proteja. También se pueden contemplar diversos frescos atribuidos a Giotto, el mismo que esculpió las puertas del Baptisterio en Florencia. En el lugar del tesoro, además de distintas obras de valor pictórico, se puede ver la túnica del santo.
Todo Asís es digno de caminar, con sus subidas y bajadas, escaleras angostas y empinadas. Hay que tener un estado atlético aceptable, ya que no hay autos que puedan transitar por esta zona histórica.
Llegamos a una plaza donde se puede ver la casa de Santa Clara, prima de San Francisco, que también se dedicó a la ayuda al prójimo. Junto a ella hay una iglesia en la que se conserva la pila bautismal donde bautizaron a San Francisco y Santa Clara. Esta plaza tiene unos hermosos cafecitos donde se puede consumir la masa típica de Asís, un cuadradito con crema pastelera con ricota, imperdible.