FLORENCIA DE LA VE - “A la gente le debo mi nombre, mi carrera, mi vida...”
Junto al soñador Manuel Rodríguez, la vedette se coronó ganadora de el voto de la gente la consagró ganadora. Por eso compartimos una caminata en el ciudadano común. Emoción, admiración, amor y mucho A pesar de que el jurado prefirió a Emilia Attias y Lucas Tortorisi, por Belgrano con la diva, para descubrir qué genera humor en una nota hecha por y para la gente.
Víctor Hugo, el famoso novelista francés del siglo XIX, definió la popularidad como la gloria recibida en centavos. Buenos Aires, septiembre de 2006, más de cien años después de que el autor de Los miserables inmortalizara aquella frase, Florencia de la Ve camina por la esquina de Cabildo y Juramento... gloriosa.
La vida le pagó con creces su transgresora entrada al mundo del espectáculo, y el lunes 25, en la final de Bailando por un sueño 2, la que cumplió “el” sueño parece haber sido ella y no Manuel Rodríguez, su pareja y soñador. Porque más allá de que el joven misionero logró que el programa de Marcelo Tinelli le pague una costosa operación a su madre, fue Florencia la que se recibió definitivamente de figura popular por excelencia.
Los mensajes de texto, el medio elegido para las votaciones del público, dieron cuenta de que Florencia y Manuel vencieron a Emilia Attias y Lucas Tortorisi por un demoledor 60 a 40 por ciento. Más allá de los prejuicios, de las disputas internas, de los viejos rencores, y de un jurado que en todo momento se inclinó por la pareja rival, Florencia contó con el apoyo de la gente. Y eso, a la larga, fue determinante.
¿Qué tiene esta chica? Miércoles 27, 15 horas. Florencia sale del estudio de Almorzando con Mirtha Legrand y los productores la despiden afectuosamente. El mundo de la televisión también la ama: el programa de la diva prácticamente duplicó en rating la emisión del día anterior, cuando Fabián Vena y Cecilia Roth hablaron de arte junto a la Chiqui. “Tengo que hacer unas compras por Belgrano, ¿me acompañan, lo hacemos allá? Mirá que a la tarde tengo que ir al programa de Gerardo...”, advierte Flor desde la ventanilla de un remise maltrecho.
Con más espontaneidad que histrionismo, unas cuadras más tarde volvería a bajar la ventanilla... “¿Qué hacés, viejo pelot..., no ves por dónde andás?”, le gritó al chofer de un 152 que todavía debe estar tratando de encontrar la forma de explicar lo que le pasó manejando por Cabildo. Esa también es Florencia. “Yo soy así, sincera, humana si querés. No hay personas perfectas, todos nos mandamos cag... de vez en cuando, pero lo importante es ir de frente. Y yo en eso estoy con la conciencia tranquila, porque siempre me mostré y me muestro tal como soy”, aclara antes de enfilar a la esquina más transitada de la zona.
“Florencia, te amo, sos espectacular”, le dice un joven trajeado sin atisbos de pudor. “¿Nos podemos sacar una foto juntos?”, le preguntan sucesivamente un veterano desempleado, dos colegialas, una abuela con su nieta, dos empleadas que se escaparon de su trabajo, una turista chilena que paseaba por la zona... Y el teléfono celular sellaba el encuentro.
“Hay famosas que le tienen miedo a la gente, se escapan, lo ves a la salida de los teatros. Yo no puedo. Yo sé que sin la gente no habría logrado nada. Lo sé bien, le debo mi nombre, mi carrera, mi vida entera... Y Bailando fue una muestra de eso, el jurado me quería borrar, pero les ganamos”, asegura la actual figura de Más que diferente, la revista de Gerardo Sofovich.
Un grupo de veinteañeras provoca la sonrisa más pícara de Florencia, en este caso refiriéndose no de buena manera a Laura Fidalgo, su archienemiga del jurado. “¿Vieron chicas? ¡Nos sacamos las caretas!”, les responde Flor, y juntas imitan el gesto que la vedette realizaba cada vez que la Fidalgo hablaba durante el show. “Yo no termino de sorprenderme con las cosas que me pasan, no sé qué puede superar la felicidad que siento. Llegué a la calle Corrientes, ahora me pasa esto, la vida no para de darme alegrías, soy una agradecida”, había dicho un rato antes.
Final del viaje. El día fue distinto en Cabildo y Juramento. Entre todas las voces de aliento y admiración, entre todos los curiosos que se acercaron a reírse con ella, una anciana petisita asomó su brazo, le acarició la cara y le dijo casi al oído: “Flor, sos una mujer sensacional, una señora con todas las letras, te quiero mucho, te quiero mucho...”. Y así se fue Florencia, gloriosa y elegida por la gente.