La música electrónica repiqueteaba desde los baffles en el complejo de Costa Salguero, cuando, en plena rave, Tommy Coyle, de 29 años, le dijo a su novia Tara Tracey, de 28, que iría un minuto al baño a tomar una pastilla de éxtasis y regresaría enseguida. No volvió, al menos caminando.
El, un turista irlandés que había llegado hacía dos semanas a Buenos Aires, se desmayó en los sanitarios y murió al llegar al hospital Fernández. Allí, los médicos constataron que Coyle había fallecido por una sobredosis de estupefacientes, por lo que se dio intervención a la comisaría 53a. de la Policía Federal, con jurisdicción en el hospital.
La fiscal Felisa Elena Krasucki y el juez federal Ariel Lijo investigan el suceso. La fiscal de instrucción intervino por la muerte del joven, mientras que el juez federal investiga quiénes fueron los que le vendieron a Coyle las drogas que acabaron con su vida.
La muerte del turista irlandés ocurrió a la 1.15 del domingo pasado, luego de concurrir con su novia a la South American Music Conference (SAMC), un festival de música electrónica que reunió a 25.000 personas que bailaron que durante 13 horas en tres pabellones y una carpa del complejo de la Costanera Norte.
El joven estaba alojado con su novia en el hostal Millouse, de Hipólito Yrigoyen 959. Tenían pensado quedarse en la Argentina unos días más, hasta mediados de abril, en que retornarían a Irlanda.
El fin de semana decidieron pasarlo bien y concurrieron a la fiesta de música electrónica en Costa Salguero. Según declaró la muchacha ante la policía, su novio estaba tratando de conseguir drogas. Por eso, conversó con algunos pasajeros del hotel, que le dieron el número de teléfono de un proveedor que le proporcionaría cocaína. Así lo revelaron a LA NACION fuentes de la investigación.
La chica no supo nada más, porque Tommy desapareció y volvió al rato con la droga. Supuestamente era cocaína pues -según dijo su novia- él era habitual consumidor de esa droga.
Sólo supo que el nombre del dealer era Pablo, pero no pudo aportar ningún dato más para identificarlo.
Una vez que tuvo lo que quería, Coyle fue con su novia a la fiesta, donde se juntaron DJ y VJ de Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda y Suecia. Pero no llegó a ver el fin de la reunión: en la madrugada del domingo, se descompuso y murió.
Ayer, LA NACION se comunicó por e-mail con los agentes de prensa de los organizadores del evento, que dijeron no estar al tanto de la muerte del turista irlandés concurrente a su fiesta. En el hostal informaron que la chica se había ido anteayer.
La Prefectura Naval, que controló la seguridad en los alrededores del complejo, dijo no haber intervenido, excepto por una pelea entre algunos chicos que terminó cuando, de una trompada, uno le rompió la mandíbula a otro. La Policía Federal, que controlaba la eventual venta de drogas, detuvo a un supuesto dealer.
En los foros de los fanáticos de la música electrónica, ayer se comentaba lo buena que había sido la fiesta, el calor, lo caro que costaban las botellas de agua mineral -10 pesos cada una- y la necesidad de mantenerse hidratados para enfrentar la maratón de 13 horas de danza, máxime si alguno había consumido éxtasis. También circulaba por ese foro, más rápido que las noticias, un certero chisme: "¿Murió un chico? Ojalá sólo sea un rumor", decía el mensaje. No lo era.