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El eterno operador peronista está de regreso

Militó en la agrupación Guardia de Hierro pero recién se hizo conocido con el menemismo, como viceministro de José Luis Manzano. Lo desplazaron del cargo cuando trascendió una condena que había recibido en los 80 por estafa con un registro automotor. Se mantuvo en las sombras hasta que regresó a las grandes lides con el duhaldismo y con el kirchnerismo. Mazzón es hoy uno de los grandes articuladores del Gobierno, el encargado de recibir a intendentes y dirigentes, de recoger heridos y de gestionar favores. Su tarea se puede rastrear en el armado del Congreso del PJ del viernes pasado. Por Mariano Confalonieri

El eterno operador peronista está de regresoEl que gana conduce, el que pierde acompaña. Este “mandamiento”, que hacía mucho no cumplían los peronistas, reapareció con el intento de normalizar el PJ bajo la conducción del ex presidente Néstor Kirchner.

Ortodoxos y progresistas, heridos y repatriados unieron voluntades para revitalizar la más fuerte estructura partidaria de la Argentina. Con ellos, regresó la rosca en todo su esplendor. Y volvió a las pistas un operador de los que quedan pocos en la política doméstica, Juan Carlos Mazzón (64). “Es el ‘Coti’ Nosiglia del peronismo”, es lo primero que dice cualquier dirigente cuando se le pregunta por él. Un “monje negro” que nunca tiene cargos de alta exposición pero siempre está detrás, armando alianzas.

El “Chueco”, como lo conocen todos, nació en un pueblo de Santa Fe, pero su cuna profesional está en Mendoza, donde pasó buena parte de su vida y tejió la mayor parte de sus contactos. Estudió ingeniería en petróleo –carrera que no terminó–, luego se casó y tuvo cuatro hijos.

A fines de los 70 lideró un grupo universitario que se fusionó con la agrupación ultraderechista Guardia de Hierro. Pero se hizo conocido con el menemismo, ocupando el cargo de viceministro del Interior, cuando el titular de la cartera era José Luis Manzano. Lo desplazaron del cargo en 1992, cuando se descubrió que había estado preso (ver recuadro), pero siguió cobrando un sueldo del ministerio hasta 1999, según consta en la ANSES. Traducción: lo metieron en el freezer, pero no lo dejaron en banda.

Regresó de la mano de Eduardo Duhalde para operar a favor de la campaña presidencial del entonces gobernador bonaerense. Se pueden encontrar las huellas digitales del “Chueco” detrás de las internas partidarias en distintas provincias, como Mendoza, San Juan, Catamarca, Corrientes, Misiones y La Rioja. A la única que no se le anima es a Buenos Aires. “Le tiene miedo. No es de ahí y además es un terreno sumamente difícil. Ir ahí le implicaría pagar el alto costo de exponerse”, confiesa un amigo de Mazzón, que ocupa una banca en el Congreso. El “Chueco” siempre repite que “el único que toma decisiones allí es Kirchner.

¿A qué se dedica Mazzón? Según consta en su tarjeta, desde 2002 es “coordinador general de Asuntos Políticos Institucionales de la Unidad Presidente”. Pero su actividad en realidad es la de cosechar voluntades para que el gobierno de turno tenga la menor oposición posible. Desde el regreso de la democracia estuvo con todos. Primero se acercó a Antonio Cafiero, luego pegó el salto al menemismo, acompañó a Duhalde y a Carlos Ruckauf. Ahora, se acopló al proyecto de Kirchner. Su virtud es que atiende a todos. Los que lo van a buscar o lo llaman lo hacen porque saben que tiene la llave del despacho presidencial. “Cuando no la tenía, abría la puerta del que la tenía, siempre estuvo cerca del poder”, confiesa un compañero de militancia en diálogo con PERFIL.

Su despacho está justo enfrente del de Cristina. Pero su lugar preferido para “operar” son bares u oficinas poco lujosos del centro porteño. También utiliza la sede del PJ en la calle Matheu. En el Gobierno no ostenta ningún ministerio, tampoco es reconocido oficialmente en el partido. Sin embargo, Kirchner le encomendó la tarea de atraer a los únicos que podían presentarle batalla y armarle una interna: los peronistas ortodoxos, ex menemistas y lavagnistas. Fue artífice del pacto entre el ex presidente y el ex ministro de Economía, junto con su amigo José “Pepe” Pampuro. Para algunos un gran “complotador”, para otros un componedor.

Habla enrevesado, pero se hace entender muy bien. Es uno de los pocos hombres cercanos al poder capaz de hacer un diagnóstico político no tan impregnado de la mirada kirchnerista.

Su primer acierto. El “Chueco” posicionó al “Chupete” Manzano en la lista de diputados nacionales del PJ y realizó un fuerte lobby para que ocupara la presidencia de la bancada del PJ. Todos coinciden en que ése fue su primer gran acierto en política. Con Manzano en la bancada, y Oscar Parrilli como miembro informante, Mazzón funcionó como una especie de garante con las provincias para que respaldaran la privatización de YPF. Arregló con los gobernadores petroleros las regalías. En esa época lo conoció a Kirchner.

Pero no todas fueron victorias, ni antes ni después. En Mendoza formaba parte de “los azules” que enfrentaban a “los naranjas” de José Octavio Bordón, Arturo Lafalla y Rodolfo Gabrielli. Perdió a manos de ellos casi todas las internas justicialistas. Pero se reivindicó en octubre del año pasado, cuando logró que Celso Jaque, un senador peronista por el que nadie “pagaba dos pesos”, les ganara a los radicales K, que tenían el apoyo del vicepresidente electo, Julio Cobos. “A Celso le acercó intendentes, legisladores y concejales. Los unió para que lo respalden”, dicen fuentes cercanas al mandatario provincial.

En Catamarca tiene encontronazos con Armando “Bombón” Mercado, ex cuñado presidencial. Es porque mientras el “Chueco” brega por la unión del PJ en contra del Frente Cívico, Mercado (que estaba casado con Alicia Kirchner) quiere un kirchnerismo aliado a los radicales.

Le atribuyen en esa provincia una buena relación con la Cámara de Empresas de la Construcción porque, según dicen, es el que acerca los fondos para la ejecución de obras públicas. Estar cerca del despacho presidencial tiene sus privilegios. Un allegado a Julio Cobos confió a este diario que mientras el vice era gobernador, lo llamaba a Mazzón para pedirle que acelere algún subsidio o un plan de obras. Tiene esa facilidad. Lo hace también con intendentes y legisladores de todo el país.


La elección de Kirchner. Cuando Duhalde ya no tenía candidato presidencial para enfrentar a Carlos Menem, Pampuro y Mazzón “le taladraron la cabeza para que eligiera a Kirchner”, confesó a PERFIL un legislador del PJ tradicional. Y agregó con ironía: “Fue el garante de la no traición”. En 2005, recolectó por orden de Kirchner a los peronistas heridos y los acercó al entonces presidente. Y hoy sigue firme. Entra y sale del despacho presidencial como de las oficinas kirchneristas en Puerto Madero. Una descripción de un diputado del PJ lo pinta de cuerpo entero: “Si uno mira cuando bajan las escaleras de Casa de Gobierno las principales figuras, siempre va a ver atrás al ‘Chueco’”.

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