En Córdoba, la majestuosa casona neoclásica de 1914 se recicló por completo para museo sin alterar su fisonomía.
CORDOBA.– Superadas las controversias políticas sobre si el tradicional Palacio Ferreyra de la ciudad de Córdoba debía o no ser sometido a obras de refacción y remodelación, hoy luce majestuoso como museo permanente de obras de pinturas y esculturas pertenecientes al patrimonio cultural de la provincia.
El edificio, expropiado por el gobierno cordobés, es una joya arquitectónica que Martín Ferreyra encargó construir al gabinete francés de Paul Ernest Sanson, en 1914, en el hoy barrio Nueva Córdoba.
En el centro de una manzana enrejada en su totalidad, fue diseñado siguiendo las más estrictas reglas de composición de la Ecole de Beaux Arts.
Se organiza alrededor de un gran hall central remarcablemente proporcionado, donde una imponente escalera imperial que atrapa la mirada de quien ingresa, conecta la Planta Noble social con el nivel superior de las estancias privadas.
La Casa Grande, como la llamó su dueño, estaba constituida por innumerables habitaciones, recintos y baños. En el nivel superior había 27 espacios. Su readaptación para dar cabida al museo requirió un calificado trabajo que implicó revolucionar todo el interior de la enorme mansión, con demolición de paredes para dar lugar a grandes salas.
Para no alterar la escalera principal, se construyó una lateral, de un metro y medio de ancho, metálica y forrada con cuero para el movimiento de un público de mayor edad o discapacitado. Además, se instaló un moderno ascensor.
La responsabilidad de la delicada tarea estuvo a cargo del estudio GGMPU, con la dirección del arquitecto Jorge Morini, que cuenta entre sus antecedentes profesionales la construcción del edificio de Tribunales II de esta capital.
El Palacio Ferreyra tiene una superficie de 4800 m2, de los cuales ahora casi 3000 m2 están destinados a 14 salas de exposiciones: en la Planta Noble, cuatro salas; más el Gran Hall Central; en el subsuelo, tres salas y el auditorio; en la primera planta tres grandes salas de gran altura, y en el nivel superior tres salas de menor tamaño y altura.
En la parte externa del inmueble, la obra consistió en la restauración del basamento, paramentos lisos, cornisas, molduras, ornamentaciones (relieves y grupos escultóricos), copones, balaustrada, baranda de acceso a terraza, escalinatas, barandas y rejas de hierro.
En el techo repusieron numerosas pizarras con piezas originales traídas desde Francia.
Los paramentos lisos, cornisas y molduras están conformados por símil piedra París. En todos los paramentos se debieron acometer numerosas fisuraciones, microfisuraciones y grietas. El estado de las cornisas y molduras era más grave en cuanto a erosiones y desplazamientos. En uno de sus laterales, el edificio había cedido unos 10 centímetros por humedad en el terreno como consecuencia del deterioro de los desagües pluviales.
La estructura edilicia fue exenta de cañerías de agua para evitar filtraciones que pueden afectar a las obras de arte. La sala de máquinas y tanques de agua fue ubicada en una construcción subterránea independiente del palacio.
La mayor tarea estuvo en el interior. Entre otras acciones, se trabajó en cinco locales de planta baja y en el hall principal de importantes dimensiones.
En tres de ellos, por las características similares de terminación, revestimiento de boiserie y decoraciones sobre la misma, se efectuaron reparaciones de la boiserie, limpieza, sellado de fisuras, ajuste de paneles, reconstrucción de guardas decorativas, reposición de elementos faltantes, reconstrucción de elementos decorativos en cielo rasos.
Del mismo modo se trabajó sobre los pisos de madera, efectuando un sellado, fijación de elementos, reconstrucción de guardas faltantes, con posterior pulido y encerado. Se restauraron los entelados y bandaux de seda con limpieza y reconstrucción. Donde no fue posible su recuperación se colocaron entelados nuevos.
En el hall principal se restauró el piso de venecitas, sellando las grietas y recolocando las piezas siguiendo el diseño original. Se repararon mármoles de la escalera principal, sellando juntas y fisuras, y reponiendo piezas faltantes. En la importante baranda de escalera se limpiaron, pulieron y laquearon todas las decoraciones aplicadas sobre la baranda de hierro.
Se repararon y pintaron un total de 124 carpinterías de madera de todos los niveles exterior e interior, y seis aberturas metálicas dejando en perfecto funcionamiento cada una de ellas. Limpieza de herrajes de bronce y laqueado de los mismos.
El arquitecto Morini explicó que, además de toda la reconstrucción y el reciclado, se hizo en toda la estructura un enorme tendido de cañerías con los sistemas de iluminación, aire acondicionado, cámaras de televisión, sistemas antiincendios, sin que estén a la vista del público.
El profesional destacó que todo se resolvió sin alterar la fisonomía arquitectónica original, dado que debió compatibilizarse lo antiguo con lo moderno.
“El Palacio Ferreyra, misteriosamente, parece que hubiera sido diseñado para ser en el futuro un museo porque no está forzado, se da todo naturalmente, nada está presionado”, dijo Moroni.
Cuando comenzaron las obras en el palacio, diversas entidades como la Junta Provincial de Historia y agrupaciones políticas se opusieron bajo el argumento de que atacaba el patrimonio cultural. Incluso la Municipalidad recurrió a la Justicia para detener los trabajos, pero recibió un fallo adverso.
También, arquitectos, museólogos y conservadores de arte coincidieron en que era “un despropósito” la demolición de paredes internas de la mansión.
Ahora, los reclamos y temores quedaron atrás. El Palacio Ferreyra es hoy el Museo de Bellas Artes y forma parte de la “media legua de oro” de la ciudad de Córdoba. Los restantes hitos del trayecto son el Teatro Real, frente a la plaza San Martín; el Paseo Buen Pastor; el triángulo de la Casa Dionisi, sede de la Agencia Córdoba Cultura; el Museo Caraffa; el de Ciencias Naturales, y la Ciudad de las Artes.