Desde hace algunos meses algunas voces de la comunidad porteña empezaron a preocuparse por el proyecto elevado a la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. referido al postergado Plan Urbano Ambiental. Se trataba de voces críticas y hasta condenatorias, que señalan que el proceso llevado adelante no incluyó la participación ciudadana, como manda la ley.
Algunos llegaron mucho más lejos: acusan a quienes trabajamos en la formulación del proyecto de ser cómplices del mercado inmobiliario, y hasta de corrupción en diversas formas. Tales afirmaciones son irresponsables, falaces e irrespetuosas para con las prestigiosas organizaciones profesionales (algunas centenarias) y sociales participantes, comprometidas con una fuerte vocación por la gestión pública.
En mi caso, formo parte de la Comisión Asesora Permanente Honoraria (Comaph) del Consejo del Plan Urbano Ambiental (Copua), creada hace 10 años según lo dicta el Estatuto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Desde entonces hubo centenares de reuniones, todas documentadas, con tantas entidades comunitarias y vecinales que a veces no había espacio físico para albergar cómododamente a los participantes.
Ausencias sin aviso
Nunca vimos participar en esas reuniones a varias de las personas que hoy critican desde la ausencia de compromiso. Otros optaron por retirarse unilateralmente al no ver favorecidas sus posturas, pretendidamente hegemónicas.
Con el paso del tiempo, sólo las organizaciones profesionales o aquellas con una visión realmente vocacional por el servicio público han permanecido en un ejercicio de actividades quincenales o mensuales, con actividades en escuelas barriales y en Centros de Gestión y Participación, o en organizaciones profesionales.
Abierto y dinámico
Es importante señalar que en general no es sencillo para la comunidad interpretar el concepto de plan, que tiene aristas profesionales, de allí la gran confusión en la que muchos críticos caen, ya que piensan que el PUA debería ser un plan de obras públicas con presupuesto incluido. Eso es un error, no se debe mezclar un plan marco con un plan de obras públicas.
Por otra parte, lo enviado a la Legislatura no es el Plan Urbano Ambiental; es un documento de trabajo con los elementos fundamentales del marco referencial para la elaboración del PUA, que como tal nunca será completado, sino que estará en permanente elaboración por cuanto un plan de tales características es necesariamente abierto, dinámico y elástico. Por este motivo existe el Copua, y particularmente la Comaph (justificando su carácter de permanente); así que antes de criticar el plan hay que saber qué es un plan.
Hace más de 10 años decidimos nuestra participación institucional y nunca fuimos condicionados ni limitados, menos aún censurados. Hoy, de la decisión que adopte la Legislatura dependerá que la ciudad de Buenos Aires continúe sin su necesario PUA, o en cambio podrá contar con el instrumento legal que fija el marco referencial para marchar hacia ese plan.
Hay mucho por delante todavia. Los ciudadanos vamos hacia el Plan Urbano Ambiental de Buenos Aires, y nadie tiene vedada su participación en eld ebate, más que por su propia intemperancia.
El autor del artículo es presidente del Instituto Argentino de Ferrocarriles; c.l.railiaf@iaf.org.ar