Ritmo apacible, ambiente estudiantil, librerías y cafés frente al Sena, en un romántico tour por el Barrio Latino de esta ciudad, que cuatro décadas atrás se despertaba entre marchas y barricadas.
A media mañana, el Quartier Latin es un barrio tranquilo. Lo que más se ve son estudiantes que entran en los ilustres liceos del barrio, Louis le Grand y Henri IV, y en la Sorbonne, que tiene sede en la Rue des Ecoles, mientras los turistas pasean, tempraneros, en busca de un café donde desayunar con vista al Sena.
Hasta el aire que se respira trae los ecos de la Rive Gauche, quintaesencia del París intelectual que desde los años 50 contribuye al mito de una capital donde los niños nacen no con un pan, sino con un libro bajo el brazo. Que queden para la otra orilla, la elegante, los lujos de Avenue Montaigne y la Place Vendôme: aquí, París es el Boul Mich, y un poco más allá es St. Germain des Prés, donde la silueta de la Maga se recortaba sobre el Pont des Arts, inclinada sobre el agua y esperando encuentros casuales.
Quién diría, sin embargo, que si tuviéramos una fantasiosa máquina del tiempo no se escucharían los ecos de las revueltas que pusieron de vuelta y media estas calles hace tanto como cuarenta años, allá en el Mayo Francés, cuando los estudiantes pedían imaginación al poder .
Entre libros y museos
El Quartier Latin es, naturalmente, un barrio de librerías. Lo era hace cuatro décadas, cuando sus calles de calma bohemia se vieron sacudidas por las barricadas y los enfrentamientos que encabezaba un flamígero Dany el Rojo, y también hace siglos, cuando comenzaban a concentrarse en París los estudiantes de media Europa. Aquí o en sus alrededores tienen sede los grandes editores franceses: Grasset, Du Seuil, Gallimard, Presses Universitaires de France...
Sin embargo, entre 2001 y 2005, las librerías empezaron a cerrar. Cantaba Alain Souchon contra los "mercaderes sin educación que vienen a vender su ropa en las librerías". ¿Una referencia no muy velada al Emporio Armani, que hace unos años hizo estremecer a los tradicionalistas cuando abrió una sucursal en St. Germain des Prés? Por las dudas, la Municipalidad de París lanzó el año pasado una serie de facilidades que ayudaron a mantener la tradición del barrio, sede de numerosas galerías de arte y cines de ensayo, y donde la concentración de librerías es entre cinco y diez veces superior al resto de París. Entre las más conocidas están Gibert-Jeune, que tiene ocho locales especializados en torno de la Place St. Michel, y la histórica Shakespeare & Co., que vende libros en inglés y era, para Henry Miller, el país de las maravillas de los libros . Su mentor, el ya nonagenario George Whitman, la convirtió en uno de los objetos de culto del Barrio Latino, y es conocida su tradición de dar alojamiento, en el primer piso, a jóvenes estudiantes que así pueden conocer París a cambio de trabajar dos horas por día en la librería.
Si el principal museo de París, el Louvre, se levanta del otro lado del Sena, de esta orilla está el D Orsay y, en el corazón del Barrio Latino, el Museo Nacional de la Edad Media-Termas de Cluny, donde en el antiguo sitio de unas termas galo-romanas, unidas a una mansión medieval, se exhibe una magnífica colección de tapices, joyas, manuscritos iluminados y obras de arte de la Alta y Baja Edad Media. Es uno de los lugares imperdibles del barrio, junto con el Panteón, templo neoclásico barrido por la Revolución, la de 1789, ya que el Barrio Latino fue centro también de la Comuna de París en 1871, un siglo antes de las revueltas del Mayo Francés. Desde entonces, la iglesia levantada por Luis XV en homenaje a la patrona de París, Santa Genoveva, se convirtió en mausoleo para los grandes de Francia.
Vida de café
Lo más lindo de la vida nocturna parisiense discurre por el Barrio Latino, exactamente en las callecitas que dan a la Place St. Michel y se conocen como Petite Athenes , la Pequeña Atenas. Por aquí, todo es herencia griega, con callejones empedrados, e incontables bistrot y locales de venta de gyros al paso. Aunque hoy se escucha más turco que griego, el barrio conserva su alma y es uno de los más animados para visitar a la hora en que empieza a iluminarse la Torre Eiffel sobre los techos de París. En tiempos del Mayo Francés, y hoy también, el café Le Basile, en el cruce de Rue de Grenelle y Rue Saint Guillaume, era favorito de los estudiantes, lo mismo que la Brasserie Balzar, de la Rue de la Sorbonne y la Rue des Ecoles.
Mientras, en St. Germain des Prés, el lado B del Quartier Latin, se reviven los años del existencialismo en el Café de Flore o Les Deux Magots, donde se vía en los años 50 a Jean-Paul Sartre, Boris Vian o Juliette Gréco: Mayo del 68 estaba lejos, pero la revolución intelectual ya se gestaba, y marcó un surco político definitivo entre ambas orillas de París. Cuando la revuelta salió de los cafés y se volcó a las calles, en el Mayo Francés todo tenía un tinte más violento y radical que la distancia y la nostalgia fueron borrando, pero que sus propios protagonistas vivieron como algo contradictorio: no pocos estudiantes compartieron los ideales libertarios de aquellas revueltas, pero desconfiaban de las ideologías extremas que las inspiraban.