En Brasil, Navidad es una fiesta meramente familiar; en cambio, Año Nuevo o Reveillon es la fiesta más importante, luego del Carnaval.
Las playas se iluminan con fuegos artificiales, mientras la gente, vestida de blanco, se adentra en el mar, con sus manos repletas de flores para honrar a Lemanjá, la diosa del mar.
Un espectáculo conmovedor ver a hombres, mujeres y niños arrojar flores al mar, pidiendo deseos y orando mientras el ruido de los fuegos artificiales son el telón de fondo de esta escena tan fuerte que mezcla lo pagano con lo religioso.
El 1° de enero de 2006 nos encontrábamos fondeados en el Angra Dos Reis Marina Club, emocionados por poder participar, embarcados en nuestro velero rosarino Haiku, de los festejos de la Reveillon en este lugar.
Antiguamente, en Angra dos Reis, pueblo de pescadores, era tradición honrar a la diosa del mar para procurar obtener buena pesca durante todo el año. La ceremonia se desarrollaba con una procesión marítima, que se celebraba justamente el 1° de enero, y a la que concurrían todos los pescadores del pueblo con sus embarcaciones.
Actualmente, esta procesión se ha convertido en un festival de alegría, música y color, al que me animaría a titular como Carnaval Náutico.
Cerca del mediodía, todas las embarcaciones se dan cita frente a la isla de Gipoia para comenzar la peregrinación acuática, que pasará frente a un jurado. Este evaluará cuál es la embarcación mejor decorada y mejor musicalizada, y les otorgará importantes premios en dinero.
Cientos de barcos de todo tipo, pescadores, escunas de turismo, lanchas, cruceros y veleros concurren a esta cita. Sus cascos están envueltos con telas de colores, como si fueran carrozas, algunos con decoración temática, como escenas de la selva, el gabinete de Lula, el infaltable "Che" Guevara, o la desinhibida embarcación de travestis.
Es una experiencia inolvidable navegar entre tantas embarcaciones evolucionando a pocos metros uno del otro con sus capitanes no siempre en estado de sobriedad.
Cada escuna posee su propio equipo de sonido y anima musicalmente el evento, tratando de superar el nivel de decibeles de las otras. Cada tripulación está vestida acorde con la temática de la embarcación .Es un verdadero carnaval en el agua, y ver a los brasileños, verdaderos expertos en este rubro, cantar y sambar con cerveza en mano, es realmente emocionante.
Un festival para los ojos: los parlantes que anuncian incansablemente la frase típica del Feliz Ano Novo, los cuerpos mojados, la samba que no da respiro y la cadencia tan singular de los brasileños para mover sus caderas y cantar a viva voz.