En pareja, Año Nuevo en Hong Kong y un mes de vacaciones por Nepal y Tailandia.
El último fin de año lo pasamos con mi esposa en Hong Kong. Ella y yo solos. Habíamos organizado ese viaje a Oriente, porque ya estábamos embarazados de nuestra hija y sabíamos que sería difícil repetirlo en otro momento, al menos por un largo tiempo.
Recibimos 2009 en nuestra habitación del hotel Continental, con vista a la bahía, mientas veíamos los fuegos artificiales de los edificios que daban a la costa.
Si bien el viaje comenzó en Hong Kong, enseguida fuimos a Nepal. Llegamos a Katmandú, a un hotel realmente increíble, por su estética y arquitectura, y sentimos que habíamos ingresado en otra realidad, en una dimensión absolutamente nueva, desconocida.
En general, las ciudades tienen muchos elementos en común, pero ninguna con un ambiente similar al de Katmandú, muy religioso, tan alejado de la cultura que conocemos, y con la presencia de Dios en todo: rezar y meditar es algo normal para ellos, algo completamente cotidiano.
Los barcos del rey
Además de Katmandú, en Nepal visitamos otras ciudades y los templos de las religiones que profesan, mayormente hinduismo y budismo, donde participamos en alguna meditación. En el mes que estuvimos tratamos de conocer un poquito de sus tradiciones, la forma en que ellos rezan, y tuvimos la suerte de dormir en un parador con vista al Himalaya.
De Nepal volamos a Tailandia. Llegamos a Bangkok y conocimos una ciudad bellísima, con un delta parecido al nuestro, donde hay que tener cuidado con las cobras, porque en época de lluvias abundan.
También visitamos los hangares donde guardan los barcos del rey, que, según nos contaron, una vez por año sale con su familia a navegar por el delta para saludar al pueblo, y a lo largo de toda una dinastía han construido distintas embarcaciones con tronos y decoradas con láminas de oro. La ciudad real es maravillosa, y tiene un montón de templos. Muy interesante.
En un monasterio budista nos dieron una vasija de madera con 108 monedas, y mientras caminábamos por un sendero, íbamos depositando esas monedas en 108 vasijas dispuestas a lo largo del recorrido, para pedir un deseo por cada una. En ese mismo monasterio hay una estatua de un Buda dormido que tiene 45 metros de largo por 18 metros de alto. Está bañada en oro, y recuerda la manera en que él murió. Una imagen muy impactante.
Después hay imágenes de los amigos de Buda -creo que tenía siete-, y también de su médico personal. Lo lindo de la historia del budismo es que a diferencia de otras religiones, no divinizan a Buda, que nunca pierde su carácter de ser humano. Un ser humano que tenía preocupaciones humanas y que, a través de la meditación y la entrega, llegó a la iluminación. Pero no se lo considera un dios: se venera su escala de valores.
Al final del recorrido, fuimos a Chiang Mai, ciudad ubicada en el corazón de la selva al norte de Tailandia, donde hicimos un recorrido en elefante, y vimos un espectáculo en el que los elefantes pintan cuadros, y después te los venden.
Terminamos en la costa de Tailandia, paseando por distintas islas. Primero fue Phuket, con una playa espectacular, y después viajamos como una hora y media hasta las islas Phi Phi y conocimos la bahía Maya, donde se filmó la película La playa , con Leonardo DiCaprio, y alguna que otra de James Bond. Pero ésa ya es otra historia.
Por Alejandro Lerner
El autor es músico y compositor. El 24 de septiembre se presentará en el teatro Gran Rex, y el 20 de octubre en la sede de la Comunidad Amijai, Arribeños 2355.