Para descubrir los tesoros de Toronto, lo ideal es tomar uno de los colectivos turísticos que recorren la ciudad. Eso mismo hice un día a fines del verano boreal.
Pasamos primero por el centro, que tiene cierto parecido con Times Square de Nueva York, pero lo que más me gustó fueron los barrios que están un poco más alejados y que tienen características propias muy definidas. Aunque hay mucho más para ver es muy interesante observar la diversidad étnica y cultural de la ciudad.
Hay unos cinco barrios chinos desparramados en la ciudad. El que está sobre la avenida Spadina es el más grande. Hay varios restaurantes, negocios que venden frutas y verduras exóticas (para nosotros), medicinas chinas y toda clase de productos importados de Oriente.
Wellesley Street es el barrio gay. Me gustó porque todos los negocios están diseñados con muy buen gusto, muy modernos, muy chic.
Little India es el barrio donde se concentran negocios y casas de comidas indias y paquistaníes. Había un olorcito riquísimo a comida y especias. Me encantaron las vidrieras de las boutiques con sus saris y sedas de colores brillantes y alegres.
Greektown, o Danforth Avenue, es el barrio griego. Los colores predominantes son los de la bandera, azul y blanco. Hay muchos restaurantes y casas de novias también, que me hicieron recordar la película Mi gran casamiento griego. La guía nos contó que la casa de los padres de la novia existe, no es un decorado, y está en una de las calles de ese barrio.
En Little Italy es donde me bajé a comer. Justo estaban filmando escenas de una película (Toronto tiene una industria cinematográfica muy importante). Fui al Café Diplomático, lugar obligado para ir a ver partidos de futbol, especialmente italianos. Y sí, en la calle se oye el italiano.
La próxima parada fue Koreatown. Al igual que en Chinatown se respira un aire oriental en la calle, con carteles en coreano, jubilados sentados en la puerta, restaurantes y negocios de productos típicos. Es como dar la vuelta al mundo en colectivo.