Son pocos los lugares del mundo que permanecen fieles a una época.
Viajar por La Habana fue regresar a la época de esplendor que marcó la vida de una generación que hoy se encuentra resignada y entregada al régimen; una experiencia sin desperdicios. La ciudad aún conserva -aunque en mal estado- las mansiones del majestuoso Barrio Vedado, uno de los más elegantes de aquel entonces.
Si bien las construcciones se mantienen intactas, por dentro parecería que un huracán las hubiera devastado: lucen oscuras y abandonadas por aquellos habitantes que se destacaban por sus gustos sofisticados.
Hoy, sin desmerecer a sus actuales ocupantes, algunos herederos y otros simples ocupas, la escasez de recursos y la lucha por conseguir el pan de cada día les impide conservar aquel esplendor.
Caminando o en un paseo en cocotaxi por el Malecón -avenida que bordea la costa- desde el Vedado hasta La Habana Vieja se puede observar la silueta de las magníficas edificaciones de la belle époque cubana, donde las regalías de la caña de azúcar permitían una vida con más placeres que sufrimiento. Los imponentes Cadillacs americanos brillaban al andar. Sin embargo, ya dejaron de ser usados para paseos placenteros y son una fuente de trabajo para los cubanos que los han sabido mantener y los utilizan como taxis, a los que en cada parada sube hasta una familia de cubanos.
Interactuar con la gente del lugar fue lo más apasionante del viaje. El cubano está ávido por contar su historia y sus vivencias presentes. Nutrido de un rico conocimiento de su cultura, necesita del turista para entrar en contacto con el mundo exterior para volcar sus frustraciones y encontrar quien lo ayude y lo saque de la represión en la que vive. No obstante, las nuevas generaciones, más libres y desprejuiciadas, se divierten humildemente, conformándose con sólo sentarse en el Malecón a charlar entre amigos compartiendo una botella de ron entre todos y luciendo su mejor vestimenta de marcas internacionales adquiridas en el mercado negro. La nueva generación del mercado clandestino nació acostumbrada a vivir sin conocer más allá de La Habana. Su mundo gira en torno de sólo algunas películas y telenovelas argentinas de los años 90, además de bailar al ritmo del reggaeton.
Descubrir La Habana Vieja es acceder al costado más llamativo de la ciudad, con sus casonas habitadas por familias numerosas. Es sorprendente escuchar los gritos y la música fuerte sonando en las calles; hasta la ropa colgada luciendo en los balcones brinda un paisaje pintoresco de aquella Cuba que se quedó en el tiempo.