Padres y alumnos acampan para tener una vacante escolar
Se instalaron antes de la inscripción
MAR DEL PLATA.- Hace ocho días, cuando comenzaba a caer el sol, apareció la primera carpa. Ayer ya eran más de cincuenta.
El improvisado asentamiento, donde además abundan sombrillas y reposeras, rodea el edificio de la Escuela N° 31 y lo protagonizan padres que quieren asegurarse allí una vacante para sus hijos, que el año que viene iniciarán el ciclo lectivo en el nivel primario. Un trámite que recién podrán concretar hoy, desde las 8.30, cuando se abra la inscripción.
La misma situación se presentó en las últimas horas en tres escuelas de La Plata (números 2, 8 y 16), donde los padres comenzaron a hacer fila, a la espera de la inscripción. El propio director general de Educación bonaerense, Mario Oporto, recorrió los colegios en la capital bonaerense y pidió a los padres que desistieran de esa modalidad.
"Estamos en desacuerdo con el criterio de prioridad de inscripción en función de quien llega en primer turno a la escuela", dijo Oporto, al prometer que en su gestión buscará nuevos criterios, vinculados al domicilio de las familias y, en última instancia, al sorteo.
Según la directora de la escuela N° 31, Alejandra Ainoza, las carpas aparecen "cada año más temprano" frente al edificio situado en San Lorenzo y España, a no más de diez cuadras del microcentro de esta ciudad.
Entre quienes soportan esta espera en carpas se encuentra Rosa, que quiere inscribir en primer grado a su único hijo. Y también Marisol, que tiene similares aspiraciones para su hija Ludmila. Ambas familias viven en el barrio El Martillo, lo que les implicará casi 45 minutos de viaje en colectivo para traer a sus chicos a clase. Pero no dudaron en dormir esta semana fuera de casa con tal de conseguir una vacante. "¿El motivo? La calidad de enseñanza, que no abunda en establecimientos públicos", afirman a LA NACION.
Rosa, que todavía debe enviar a su hijo al jardín, debió recurrir a una joven para que le cuide el lugar durante seis horas. "Tengo que pagar, pero siento que el sacrificio vale la pena", dijo. En el caso de Marisol, durante la última semana sólo una noche logró reunir a los cuatro integrantes de la familia. Todos durmieron juntos en la carpa, a 15 metros de la puerta de la escuela.
Leonardo, que pretende inscribir a su hijo Luciano, además de acampar en plena vereda tuvo que realizar un sacrificio adicional: dedicar a esta espera una semana de sus vacaciones. "Es lamentable, pero es un esfuerzo necesario para que mi hijo esté en una escuela pública y con buen nivel de enseñanza", explicó.
Las autoridades de la escuela confirmaron que para el ingreso a primer grado hay 46 vacantes para el turno tarde y 35 para la mañana. "El resto está cubierto por hermanos de alumnos, que ya cursan en esta escuela", explicó la directora.
Mariana, que hoy anotará a su hijo Ezequiel, tenía previsto instalarse desde el miércoles para hacer cola frente a la escuela. Pero el lunes tuvo que correr a buscar la carpa y reposeras, cuando vio que en la esquina ya había gente instalada.
"El comentario general es que todos queremos que nuestros chicos se eduquen aquí por calidad educativa y, en algún caso, también por cercanía", explicó.