A 30 minutos de Encarnación se encuentran estas sorprendentes ruinas, las mejores conservadas de ese origen en el país, Patrimonio Cultural de la Humanidad.
ENCARNACION.- Hace 300 años, los jesuitas se dispersaron por América del Sur y construyeron reducciones para evangelizar a los indios. Fundaron escuelas, hospitales, iglesias; reorganizaron a los nativos en nuevas unidades sociales y hasta estimularon su talento artístico.
Con el tiempo, las misiones se hicieron tan exitosas que se volvieron una amenaza para los colonizadores. En 1767 la corona española expulsó a los jesuitas de estos territorios, donde hoy sólo quedan ruinas que vale la pena visitar.
En el sur de Paraguay, a menos de 30 kilómetros de la frontera con Posadas, y muy cerca de Encarnación (la tercera ciudad paraguaya en nivel de importancia económica), quedan vestigios de aquellos años. Las ruinas jesuíticas de Santísima Trinidad del Paraná son un recuerdo vivo de la evangelización por parte de los sacerdotes españoles hacia los indígenas guaraníes.
Esta reducción construida en 1706 es la última creada en Paraguay y también la mejor conservada. Si bien es de las más visitadas del país, su concurrencia es menor que las ruinas argentinas de San Ignacio Miní, que se distancian a pocos kilómetros, aunque no por eso de menor magnitud.
Este casco histórico cuenta con una imponente plaza, una gran iglesia mayor, colegio, talleres, casas de indios, cementerio, huerta y museo. También hay una llamativa torre que pudo funcionar como campanario o para observación. Sus principales arquitectos fueron los padres Juan Bautista Primoli de Milán y el catalán José Grimau.
Paz y serenidad
La misión -considerada la mayor de todas las del país- cuenta con la iglesia más grande de las construidas por los jesuitas en esta parte del continente. Tiene un impresionante altar totalmente tallado en la misma piedra, y no pasan desapercibidas sus arcadas y columnas. Allí se pueden apreciar elementos sumamente valiosos como la pila bautismal, un púlpito trabajado, una secuencia de ángeles, grabados y estatuas, todo decorado íntegramente en la propia piedra.
En la antigua sacristía (que funcionó como capilla mientras la iglesia principal se estaba construyendo) hay un museo jesuítico donde hay esculturas, objetos y una maqueta de la misión.
El paisaje verde y despejado contribuye a crear una amplia sensación de paz y serenidad. El ambiente es muy silencioso y solitario, y no se escucha el ruido de los autos aunque a lo lejos se los vea pasar por la ruta.
Por su estilo, tamaño y belleza estas construcciones fueron declaradas en 1993 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Las ruinas de la Trinidad se encuentran bajo constantes trabajos de restauración y mantenimiento.
En efecto, el gobierno de Paraguay se propuso como objetivo difundir estas reliquias ante el turismo. En agosto último, la iglesia fue escenario de un espectáculo de luces, música y sonidos autóctonos, con el fin de presentar el lugar como uno de los atractivos turísticos más imponentes del país.
Hay que tener en cuenta que su clima subtropical tiene una temperatura media anual de 25°C, pero de noviembre a marzo puede subir hasta los 39°C, de manera que evitar el verano puede ser una buena idea.