Esther Feldman y Alejandro Maci, los autores del ciclo, cuentan su trabajo en la tira que emite América
¿Alguien se acuerda de que en un principio, allá por los comienzos de este año que ya termina, Lalola era algo muy distinto de lo que se ve ahora de lunes a viernes, a las 22, por América? ¿Alguno de los muchos seguidores de esta tira producida por Dori Media Group sobre una idea de Sebastián Ortega podría imaginar a otra actriz que no fuera Carla Peterson caminando, torpe, la delgada línea entre la fantasía del cambio de cuerpo y la ambigüedad en la definición de géneros que es marca registrada de estos tiempos? La respuesta es que no. A los que miran este programa, que apareció de la nada para transformarse en la ficción más interesante de la temporada, los tiene sin cuidado que Lalola fuera concebida como un unitario protagonizado por Nancy Duplaá. Pero lo cierto es que tampoco a sus guionistas el cambio parece disgustarlos demasiado. Todo lo contrario.
"Son distintas claves musicales, nada más", dice Alejandro Maci. Y Esther Feldman, coordinadora autoral del ciclo, completa la idea: "Por eso lo primero que hicimos fue agregar instrumentos. El universo de la editorial High Five cobró una importancia que en el unitario no hubiese tenido. Se fue armando una coralidad, más allá de la pareja protagónica, con muchas cosas alrededor que nos permite el relato cotidiano. Se enriqueció el universo".
Cada capítulo del programa parece sostener esta idea de que el mundo de Lalola supera los límites que suelen imponerse a las historias de amor en formato diario. Aquí las circunstancias por las que la pareja central no puede estar unida son distintas, originales, pero también lo es el medio ambiente en el que floreció el romance entre el chico cínico vuelto chica y el dulce padre soltero.
"Es un segmento muy poco explotado en la TV: los adictos al trabajo y toda esta generación de gente que no está en pareja. Hubo una intención narrativa de generar una situación antagónica contando una historia de amor rodeada de un grupo de gente que no se enamora, que no tiene pareja, y ese contrapunto funcionó. Teníamos claro que queríamos mostrar el mundo de las grandes empresas donde hay quien se mata por el puesto del otro, donde la gente es hipócrita, donde todos se sonríen y se besan y después se clavan puñales", explica Feldman, que junto a Maci ya puso el punto final a los 150 episodios que tendrá la historia, que se verá en América hasta marzo.
Mientras en las telenovelas más clásicas los protagonistas suelen compartir una casa o una mansión donde las costumbres del siglo XXI no parecen aplicarse, en Lalola el escenario principal de encuentros y desencuentros es la redacción de la revista Don, que funciona como mucho más que una excusa para los dimes y diretes entre Lola y Facundo.
"Es la primera vez, por lo menos para mí como autora, en que en la oficina sucede algo más que alguien buscando una carpeta. En general, en las tiras, nunca se sabe de qué se trata la empresa, pero acá sí importa, tiene peso. Es tangible. El trabajo importa. Usualmente en estas historias nadie trabaja: sólo entran y salen de la oficina. Todo lo contrario de lo que sucede en nuestra vida, en la que nos pasamos todo el tiempo ahí", dice la autora.
Fantasías reales
Resulta algo sorprendente que la ficción que tiene como núcleo central una situación fantástica y mágica como el cambio de sexo por encantamiento, con el transcurrir de los capítulos se haya transformado en una de las historias más realistas que aportó el género en los últimos tiempos. Tal vez sea ése el secreto del éxito de la tira, que suele ser el programa más visto de América y lleva un promedio mensual de 7,2 puntos, una verdadera hazaña para la única ficción de la emisora.
Desde los separadores que dividen una escena de otra está claro que los guionistas y productores saben quiénes son sus personajes y cuáles son los hilos que los movilizan: "Tenemos un perfil social definido. Estos son personajes de poder adquisitivo alto, por eso la ambición como tópico es un tema en esta historia. La gente desea más todo el tiempo, desea el lugar del otro. Más allá de que esta historia trata sobre todo de ocupar el lugar del otro. En la revista, todo el tiempo se juega la contienda del deseo. Siempre hay alguien que gana más, alguien que está subordinado y quiere el lugar del otro", detalla Maci, que ya trabaja en dos nuevos proyectos de Underground para Dori Media Group.
Las alianzas por conveniencia que cambian constantemente y los problemas familiares de Aguirre, el dueño de la empresa, que repercuten en el funcionamiento del trabajo de todos sus empleados son algunas de las situaciones realistas que aparecen en cada capítulo de la tira, pero presentadas de una manera exagerada, hiperbólica, que se moja los pies en el absurdo sin zambullirse del todo en él.
"El humor absurdo tiene algo de infantil; hay una línea muy fina entre lo que es gracioso y lo que no lo es. Ese es el límite que tenemos que cuidar", arranca Feldman, y Maci completa: "Tenemos que vigilar que el humor infantil no bastardee los aspectos más constructivos de algunos personajes. Si a alguien que tiene una ambición extrema, que corta cabezas por donde pasa, luego lo ves en una situación tonta, la sensación que te deja es que no es la misma persona o que está mal construido el papel. Entonces te suma humor, pero el personaje se vuelve inverosímil".
Para cuidar que eso no suceda están los autores y los actores que interpretan esos personajes con la justa libertad de hacerlos tan interesantes por sí mismos como funcionales a la historia. Ahí están, por nombrar el puñado más destacado entre un elenco que no tiene fisuras, Peterson sosteniendo la insostenible vida de Lola con iguales dosis de gracia y ternura; Luis Ziembrowski siendo ese Aguirre que funciona con tracción a psicofármacos; Luciano Castro agregando humor y liviandad a su originalmente solemne Facundo, y Agustina Lecouna consiguiendo hacer querible a la insoportable y mimada Natalia.
"Cuando actores como Ziembrowski y Peterson se adueñan tan bien de una clave lúdica para nosotros es altamente inspirador", asegura Maci, y lo cierto es que alcanza con ver un episodio de la tira para decir que se nota.