El ex presidente Néstor Kirchner hizo política del único modo que sabe: castigando a propios y adversarios.
*A Daniel Scioli lo culpó por la inseguridad.
Aún cuando el gobernador no es el responsable de la seguridad de todo el país. Le dijo que revele "quién le ata las manos".
El principal responsable de la seguridad es el gobierno nacional, que nunca se tomó demasiado en serio este asunto (salvo la colaboración internacional sobre terrorismo y narcotráfico).
Es el Poder Ejecutivo el que controla las fuerzas de seguridad federales, con presencia en todo el país. Y muchos crímenes ocurren fuera de la provincia de Buenos Aires.
Kirchner, sin embargo, eligió a Scioli como chivo expiatorio, no sólo porque el caso Píparo ocurrió en su territorio, sino por distintos motivos: 1) porque le permite personificar a un culpable, 2) desviar la atención de la propia responsabilidad del gobierno nacional; 3) marcarle el terreno político al gobernador, para limitar sus futuras aspiraciones y, 4) fundamentalmente, tratar de mostrar frente a la opinión pública que está preocupado por la inseguridad, un problema que, en rigor, había sido instalado en la agenda política por la oposición.
*A los medios.
En su discurso, involucró de paso a los medios, cuya única responsabilidad es reflejar la realidad que no le gusta a Kirchner. Pero, al hablar, aprovechó también a presionar a la Corte por televisión, para hacerle saber que espera que sea independiente (es decir, que no vote por suspender el plazo de un año para que Clarín y otros grupos vendan sus licencias de radio y televisión.
*A los jueces
Kirchner sabe que la sociedad pone buena parte de la responsabilidad por la inseguridad en los jueces. Repitió, entonces, la fórmula de que los delincuentes entran al juzgado por una puerta y salen por la otra. Una fórmula que tiene bastante de cierto, pero que refleja una realidad que no sólo es imputable a los jueces sino, también, a otros muchos factores: leyes blandas que favorecen las excarcelaciones; un falso galantismo penal que significa impunidad para los delincuentes pero que no garantiza la vida de las personas y, finalmente, corrupción esparcida en distintos estamentos: incluidos el político, el judicial y el policial.
Para Kirchner, en cambio, la realidad no tiene matices ni lo involucra: la responsabilidad por la inseguridad es del otro y él es el único que puede ayudar a solucionarla.