La experiencia sensorial de encontrarse con una ballena puede ahora recrearse en un centro ecológico de nuestra Patagonia profunda
Puerto Madryn.- Es un imponente mirador del mar argentino. Desde sus enormes ventanales, que dan a la bahía Nueva, en las costas de Puerto Madryn, el turista se convierte en viajero, se reconcilia con el paisaje e incorpora a su experiencia de vida ese cercano y profundo espejo de agua. A pocos metros, el monumento al Indio Tehuelche marca el camino con su mano en forma de visera y la mirada perdida en el horizonte.
Un poema, un cuadro, un hueso de ballena, el resto fósil de un animal, un dato, la música de una canción. Todos esos elementos hacen al todo de esta casa gris con techo de chapa -un tipo de edificación que señala la herencia galesa imperante en la zona-. Abrió sus puertas con la llegada del nuevo milenio, en junio de 2000, y ahora festeja estos diez años de actividades con una nueva sala ideada para recrear la experiencia sensorial de encontrarse con la ballena franca austral (ver "Azul profundo"), especie que del otoño a la primavera danza y se procrea en las aguas del golfo Nuevo.
El Ecocentro es el sueño de un grupo de personas que no pensaron simplemente en construir un museo. El objetivo era más ambicioso: abrir un espacio multicultural para conferencias, conciertos, muestras de arte y literatura, divulgación científica, arquitectura. En su génesis hay un poema de Borges (El mar), que fue pintado en una vieja chapa del casco de un barco y ubicado en la entrada del edificio para que el viento y la luz patagónica hagan su trabajo de borrador del tiempo.
Alfredo Lichter, presidente de la Fundación Ecocentro y mentor de esta casa del mar, da pistas sobre el verdadero sentido del trabajo que realizan en el sur del país. "Somos un grupo de personas ajenas al estruendo, que cree en el valor de lo que hace como consecuencia de su convicción de que la vida vale por lo que es y no en función del éxito que se tenga".
En una década, el Ecocentro exhibe con orgullo algunos números de su creciente actividad: lo visitaron más de 500 mil personas (entre argentinos y extranjeros); participaron de sus programas educativos 72 mil estudiantes de todas las provincias del país; su proyecto de fotoidentificación de la ballena franca austral ya registró a 1400 cetáceos. Además, en este tiempo colaboraron con su labor más de 200 voluntarios, estudiantes de biología; se dictaron 93 conferencias y se realizaron 65 proyectos culturales, 52 conciertos, 41 muestras plásticas, gratuitas y abiertas a toda la comunidad.
"Han creado un oasis que permite tomar conciencia de lo pequeños que somos. Gracias por darme la oportunidad de enseñarles a mis hijos lo espectacular que es el mar", escribió una mujer de Cañadón Seco en la bitácora de visitantes ubicada en un rincón del salón principal. Es un mensaje -dicen los responsables del lugar- que les da sentido a sus días de trabajo en la Patagonia profunda.