A los 67 años, el saxofonista volverá a actuar en Buenos Aires, en uno de los 320 conciertos que realiza al año
"¿Cómo me veo? Como si tuviera veinte años, haciendo lo mismo de siempre, girando por el mundo, tocando música, divirtiéndome. Como si estuviera en un bar y de pronto aparece James Brown y lo invita a mi hermano a tocar, nos sumamos a su banda y comenzamos a viajar, aparece George Clinton y seguimos tocando música, y vamos de aeropuerto en aeropuerto, un día armo mi propio grupo y viajamos por todo el mundo, tocando música, y la gente me reconoce y reconoce mi música, y lo único que hago
es actuar y tocar alrededor del mundo, dando un poco de amor y de felicidad a la gente... ¿Cómo me veo? Como siempre, creo que lo que hice es lo que soy, y si bien de alguna forma me ha transformado, básicamente sigo siendo el mismo".
Desde la habitación de un hotel en Milán, Italia, quince horas después de haberse bajado de un escenario en llamas -iniciadas por la chispa de su música- y a la espera de volver a subirse a un avión para una semana de conciertos en Japón -uno de ellos en el Blue Note de Tokio- y luego un stop en San Diego, Estados Unidos, días antes de preparar su gira por América del Sur, Maceo Parker arriesga un veloz y analítico montaje sobre su pasado y su presente y en el que con elegancia también sugiere su futuro.
"Esto es lo que hago", dice cuando se le pregunta cómo es vivir constantemente en la ruta -literalmente, con 320 conciertos al año- a los 67 años y casi sin darse un respiro desde que se subió al colectivo musical del padrino del soul James Brown, 45 años atrás. "Creo que el secreto es hacer lo que uno quiere, lo que uno disfruta. Siempre creí que nací para hacer esto, nací para viajar, para actuar y para tratar de darle amor a la gente alrededor del mundo. Por eso la verdad es que es muy fácil para mí."
Raíces musicales
Maceo Parker volverá hoy a encender la noche porteña con su swing descontrolado en el teatro Gran Rex, esta vez con un espectáculo apoyado en su último álbum, Roots & Grooves (2007), en el que homenajeó a Ray Charles y se dio el gusto de grabar junto a los alemanes de la WDR Big Band un puñado de los clásicos con los que creció en su Carolina del Norte natal.
De allí, dice, salió la referencia a las raíces en el título del disco. "Cuando digo roots [raíces] estoy pensando en la música que uno escucha cuando es un niño, en esa música en la que uno se enfoca y no puede olvidar jamás", asegura este saxofonista que ha trabajado codo con codo con buena parte de la historia grande de la música negra y ahora decidió inspirarse en una de sus más grandes influencias.
-¿Cuál es el poder de una canción como "Georgia On My Mind" (1930) en este momento?
-La verdad es que no sé cuán fuerte y poderosa puede ser la canción para el resto de la gente, sólo te puedo decir que es uno de esos temas que me han llevado a tratar de imitar el sonido de Ray Charles. Siempre escuché su música con mucha atención y llegar a conocerlo era más de lo que podía imaginar cuando tenía 10 o 15 años. A mediados de los años 90 abrí una serie de conciertos suyos y fue realmente un honor para un fan de Ray como yo. Tocamos durante tres semanas por Europa, en clubes que ahora no recuerdo, pero nunca olvidaré los momentos a su lado. El siempre ha sido una imagen muy fuerte para mí y para mi música.
-Hablando de infancia, ¿cuál es su primer recuerdo musical?
-Probablemente "Jesus Loves Me", incluso antes del feliz cumpleaños... "Yes, Jesus loves me, for the Bible tells me so. Jesus loves me. This I know for the Bible tells me so" [repite de manera automática]. Aunque es cierto que es más una oración que una canción. Quizá la primera melodía que escuché fue la del feliz cumpleaños. Una melodía que aún sigo tocando... la última vez, creo, la toqué para Bill Clinton, hace unos años, en Londres.
-Me acuerdo haber leído un artículo al respecto... por entonces usted estaba también tocando junto a Prince. ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con él?
-Prince es un músico excepcional, siempre amé su música y es el más grande en lo que hace, pero realmente no me gusta hablar de él en las entrevistas.
-¿Le puedo preguntar por qué?
-No, preferiría no hablar de él, eso es todo.
-Ya que mencionó a un ex presidente de los EE.UU., ¿cuál es su visión acerca del actual gobierno de Barack Obama?
-Estoy entusiasmado, como mucha otra gente, aunque lo mío no es la política. Yo me dedico a la actuación, y la música que hago es para todas las religiones, para todas las razas, para todas las nacionalidades, para todas las personas, sean de uno u otro signo político. Estoy lejos de casa, de gira, y la verdad es que la música funky me hace olvidar de todo cuando estoy en la ruta. Sólo pienso en fiesta, fiesta y fiesta. De hecho, me olvido hasta del cansancio o de cuánto extraño mi hogar y esas cosas.
-¿Cómo recuerda las giras de los años 70, junto a Funkadelic o Parliament?
-En esa época tomé decisiones que cambiaron mi vida. Tocamos mucho, siempre con George [Clinton] a mi lado, y fue muy divertido. Creo que fue el tiempo más divertido de mi vida. Cuanto más trabajo, más diversión. Siempre funcionó así, porque esto no es un trabajo... esto es funk.