No está de más recordar, ahora que nos preparamos para el próximo título de la temporada del Colón, Kátia Kabanová de Leos Janácek, que toda la producción instrumental y operística de este compositor moravo es producto de sus estudios etnológicos, los que incluyeron rigurosas, sabias y pacientes investigaciones en el campo de la filología y la sociología de su pueblo.
Es que es posible que no exista un caso igual, en terreno lírico, de relación entre el natural acento de la palabra y la entonación de la lengua con la música, como el que se da en las obras de Janácek. El seguimiento de sus partituras y la audición de óperas como Jenufa o Kátia Kabanová, entre otros títulos, provoca una admiración que llega al asombro, inclusive. De ahí la originalidad de su obra. Igual sólo a sí misma. Diferente a la de los restantes creadores de la historia, aún de los más vecinos, como pueden serlo Smetana y Dvorák.
Y esto es así porque, además de la identidad de su música con las raíces del pueblo moravo, está la equivalencia con su propia e intransferible personalidad y con la historia de su vida. Una vida de más dolores que alegrías, cuya religión fue la Verdad y cuya felicidad fue una utopía. De la misma manera, y como natural consecuencia, Janácek forjó él mismo su estilo artístico, al margen de escuelas y de principios heredados. Su única herencia fue la de la lingüística y la etnofonía de su pueblo.
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Porque además, no se trata sólo de la dialéctica palabra-música. Sucede también que el compositor busca la manera de expresar a través de la obra todas las circunstancias de su vida, desde las más intrascendentes hasta aquellas que revisten una excepcionalidad tan perturbadora como la muerte de su hija. Pero luego está su lenguaje mismo. Janácek acude al procedimiento, tan difundido, del leitmotiv , sólo que él lo descompone en breves células temáticas que repite obstinadamente, con una intención psicológica a la que, a causa del procedimiento, se accede por la vía de las sensaciones fisiológicas. El hecho no es casual, ni le llega al compositor por el camino del instinto. Por el contrario, en la época de concepción de sus primeras óperas, Janácek realizaba observaciones fecundas sobre los influjos psíquicos del lenguaje. Como el propio autor lo reconoce, su sistema consiste, más que en la explotación mecánica de motivos corrientes del habla, en la transposición en música de toda la agitación que invade al individuo en el momento en que se expresa.
Porque según declaró: "Me es posible llegar a la mayor profundidad del alma de la persona que escucho hablar a través de la música de las palabras".
Para tener en cuenta cuando el Colón reponga esta esperada Kátia Kabanová .