En el curso del primer semestre del año que llega a su fin, un numeroso grupo de arquitectos brasileños (creo que llegaban a 200) vino a realizar un foro en el Hilton de Buenos Aires. Era coordinador del encuentro nuestro conocido Vicente Wissenbach e integraba la delegación el arquitecto Sergio Teperman, que ejerce la profesión y escribe un artículo mensual en la revista AU , prestigiosa publicación paulista que edita el grupo Pini. El estilo sarcástico de Teperman, que evidentemente comparte el humor judeo-americano de Groucho, Mel Brooks y Woody Allen, se revela desde el rótulo de su sección, a la que aplicando una paradoja medicinal titula Crónicas agudas .
Bueno, la cuestión es que al regreso de los cinco días que pasó en esta ciudad, nuestro colega redactó una reseña titulada Cry for me, Argentina, y una bajada que señala que "los locos sueñan castillos en el aire, los arquitectos los construyen, los psicólogos cobran el alquiler". Hay que aclarar que la visión de Sergio Teperman, después de un rápido y atribulado recorrido de pocos días, es a la vez lúcida y positiva. Primero le reconoce a la Argentina haber ingresado en la arquitectura internacional antes que Brasil, e insinúa que nuestra producción de la segunda mitad del siglo XX le recuerda la influencia del SOM (Skidmore, Owens y Merrill), en los edificios, y la de Richard Neutra, en las residencias. Cuando en los años 40 surge la arquitectura brasileña, hubo un aplauso por parte de la crítica de todo el mundo y fue entonces que se distanciaron más que nunca los lenguajes de los dos países. Ese estilo brasileño que culminó con la construcción de Brasilia se complicó más tarde con el brutalismo de moda y le hizo perder vigencia en el campo internacional. Así resume Teperman la coyuntura de Brasil y añade: "Al contrario de la Argentina (él nos define como un país europeo), para destacarnos debíamos usar la identidad nacional, que se perdió con el brutalismo". Y para completar el comentario, afirma: "Nos estamos adaptando a esa situación porque llegamos tarde".
En esa comparación objetiva entre el desarrollo del diseño en nuestros países, Teperman subraya el éxito alcanzado por los arquitectos argentinos (cuando menciona a Viñoly lo llama argeguayo ) en su actuación en los más diversos lugares del globo. Un tema que con Daniel Casoy exaltamos en muestras y libros sobre Arquitectos argentinos en el mundo . Pero insiste en la extraña asimilación de voces europeas, incluso en el nombre de los clubes de fútbol (Argentinos Juniors, Banfield, Boca Juniors, Newell s Old Boys, Racing, River Plate, etcétera), y su asombro llega al colmo cuando refiere que uno de los más notables diseñadores argentinos se llama ¡Ronald Shakespear! Recuerda el colega la invitación que le hice para visitar los pisos de LA NACION, y aunque hay muchas observaciones dignas de examinar en el artículo que dio origen a estas líneas, no quiero dejar de destacar la viñeta que lo ilustra. Es una caricatura de Diego Maradona, con la mano izquierda calzada con un botín, que tiene como fondo la fotografía del rascacielo de cristal donde está la redacción y administración de este diario.