En Nordelta, el arquitecto Gustavo Arditti construyó una casa moderna, de geometría rectilínea y pensada hasta el último detalle, donde el espacio se vuelve protagonista.
Cuando un fotógrafo realiza una producción de arquitectura o decoración, el 99% de las veces sucede que el arquitecto, diseñador o dueño de casa piden evitar tal o cual toma, para que no se vea el encuadre de un espacio, algún tomacorriente o rincón aún sin terminar. En esta casa de uno de los barrios cerrados que conforman Nordelta sucedió lo opuesto, porque siempre hay una excepción a la regla, y en este proyecto el final de obra se completó exhaustivamente.
La mayoría de las veces el cliente, el arquitecto o ambos se saturan de la obra y la dan por terminada, aunque no lo esté. Este también podría haber sido el caso, dado que los dueños vendieron la casa donde vivían y se mudaron en plena obra: "Creo que esta casa llegó a este grado de terminación por el tipo de arquitectura que realicé, es una obra sin ornamentación y por lo tanto, los detalles se destacan muchísimo; si hubiera habido algo no acabado o mal acabado hubiera sobresalido más que en otro tipo de casa", reflexiona el arquitecto Gustavo Arditti, autor del proyecto y la dirección. Y agrega tres puntos tan importantes como el anterior, que ayudaron a esa terminación precisa: por un lado, considera que la calidad de los materiales exigió una elaboración que fuera acorde; por otro, admite una cierta obsesión por las cosas bien hechas y prolijas, y por último, reconoce que la gente que habitualmente trabaja con él entiende lo que quiere y puede realizarlo.
Showroom para habitar
La premisa inicial que tuvo Arditti fue que esta casa moderna, además de ser vivienda para una familia con huéspedes ocasionales, debía operar también como showroom de diseño para los invitados del mundo empresario al que los dueños de casa pertenecen.
El primer tema que tuvo que resolver fue el de las fundaciones. Dada la baja calidad de suelo que caracteriza a esta zona (que se ha manifestado en problemas estructurales en varias viviendas) construyó las fundaciones con pilotes realizados in situ que van hasta 7 metros de profundidad, sobre los que apoyó una losa de hormigón armado de 30 cm de espesor. Este tratamiento le garantiza un asentamiento parejo para toda la construcción, y de esta manera se evitan rajaduras y filtraciones.
Otro punto delicado que tuvo que resolver fue la altura y la disposición de los ambientes. Como debía sujetarse a normas muy estrictas dispuestas por los reglamentos del barrio (no podía construir una tercera planta), dispuso las paredes del estar de una altura y media, y los ambientes de servicio y pasillos con alturas mínimas. Así pudo construir la planta del dormitorio principal encima del estar y los otros tres dormitorios con entrepisos estándar.
Formas simples y rectas, enmarcadas con grandes ventanales que expanden y aprovechan la luz natural y las vistas al límite, dominan el espacio. Los oscurecimientos se resolvieron con toldos y cortinas motorizadas, y en la suite principal se colocaron cortinas dobles (una tamiza el sol, pero no las vistas, y con la otra se consigue oscuridad absoluta). La iluminación artificial se diseñó para crear climas con las luces. Para lograrlo se incorporó un sistema inteligente que admite ser programado con distintas escenas ya elegidas, o crear cualquier combinación que se desee. La sala principal tiene variados tipos de luminarias: incandescentes y fluorescentes, puntuales y generales, todas se manejan con dimmer.
Estilo minimalista
Al entrar en esta casa se percibe un fuerte impacto minimalista. Al conocer a su dueña y descubrir que es licenciada en Letras en la UBA, uno entiende que esta mujer en algún momento se despojó de todo un estilo que la acompañó durante muchos años: "Mi mamá era puro exceso; su casa de la calle Melián estaba abarrotada de objetos, nunca tiraba nada".
En ese ambiente creció la propietaria hasta que sintió que los espacios vacíos la conmovían y le daban respiro, identificándose con el minimalismo. Después de muchos años de hojear revistas y libros pudo realizar su sueño y vivir en una casa así.
Del desván de la casa de su mamá se llevó un auténtico sillón de tres cuerpos de Alberto Churba, diseñado en los años 60, para convertirlo en el protagonista principal del nuevo living. Guardar también tuvo sus ventajas...