-No todavía, padre. Pero ahora hablemos, le pido. Usted y yo.
El gaucho Aballay le pide al fraile detalles de su sermón, quiere saber más sobre los estilitas, quienes vivían aislados sobre una columna para acercarse al cielo y despegarse de la tierra, porque en ella habían pecado.
Aballay decide, también como penitencia, por haber matado a un padre adelante de su hijo, que seguirá con su vida de peregrino, aunque ahora sin descabalgar jamás.
Tempranito, a los primeros colores del día, Aballay monta en su alazán. Le palmea con cariño el cuello y consulta: "¿Me aguantarás?" Supone que su compañero acepta y, mientras avanzan al trote suave, lo prepara: "Mirá que no es por un día... Es por siempre".
El maravilloso cuento de Antonio Di Benedetto, Aballay, presenta a este hombre maltrecho que decide tomarse en serio esto de cabalgar las pampas. Sus días pasan a lomo de un alazán, mientras que por las noches descansa sobre un cimarrón que viaja también con ellos.
El director de cine Fernando Spiner retomó esta historia y le dio un formato de western gauchesco, en una adaptación que llegará a la pantalla grande a fines de octubre. Su Aballay fue filmada en los alrededores de Amaicha del Valle, Tucumán, a mediados de 2009, durante seis semanas.
"Antes de empezar le pedimos permiso a la comunidad amaicha de la zona y nos reunimos con el cacique y el consejo de ancianos -cuenta el director-. Hicimos un acuerdo con ellos y nos bendijeron con un ritual a la Pachamama, que sin duda funcionó, porque todo salió perfecto; la relación con ellos fue muy conmovedora."
El vínculo de Spiner, director de La sonámbula (1998) y Adiós querida Luna (2003), con los animales ecuestres comenzó en sus tiempos de colegio secundario, en General Madariaga, cuando muchos compañeros llegaban cabalgando hasta la escuela. No es especialmente un gran jinete, como sí resultó Pablo Cedrón, protagonista del film.
"Tiene un vínculo especial con el caballo que fue fundamental -agrega Spiner-. Era un desafío de casting, porque el personaje requería de alguien que lo llevara como parte de su vida. Mandamos a los demás a tomar clases, los preparamos e incluso les buscamos dobles entre la gente de ahí. Pero el protagonista tenía que venir ya con la habilidad incorporada."
El gaucho Aballay es capaz de beber agua de un arroyo, por supuesto sin desmontar, y calentarse agua para sus mates amargos de madrugada. No pone pie a tierra ni para encender leña.
La búsqueda de locaciones fue también a caballo, en muchos casos, para llegar hasta lugares increíbles. Habían recorrido otras regiones, pero se quedaron en este rincón árido de la pequeña provincia cuando hombres de la comunidad los llevaron a conocer sitios como Tiu Punco, con formaciones extrañas de rocas rojas, o El Remate, donde construyeron una pulpería para la película, que dejaron luego como espacio público: el centro cultural Aballay.
"Nos pusimos de acuerdo con ellos para arreglar caminos de acceso a algunos lugares, para que nosotros pudiéramos llegar con los equipos y luego ellos explotarlos de manera turística, sobre todo con cabalgatas que organizan desde el pueblo", agrega el director.
Integrantes de la comunidad indígena aparecen en el film, otros alquilaron sus aperos, ranchos y caballos, animales "un poquito más bajos que en otras zonas, acostumbrados a la montaña, con un trote diferente. Me rodeé de especialistas, que también asesoraron a los actores".
El indígena del film llamado, a secas, Pastrana es descendiente directo del mítico Juan Pastrana, que a fines del siglo XIX viajó a caballo a Buenos Aires a pedir por los derechos de su pueblo.
El 27 de octubre, la película inaugurará el Festival de Cine de Tucumán, y será proyectada en la plaza de Amaicha ante la comunidad y los visitantes. "El rodaje fue una experiencia hermosa -agrega Spiner-. Todo fue intenso y verdadero."