El actor reconoce que últimamente prefiere el descanso antes que la exploración
-¿Qué lugar ocupan los viajes en tu vida?
-Me encanta viajar. Es una experiencia hermosa. Para mí, haberme ido a España, vivir ahí mucho tiempo y haber viajado recorriendo tanto ese país le ha hecho muy bien a mi cabeza. Viví ocho años en España y en ese tiempo también pude conocer otros países que están muy cerca, como Francia, Alemania o Inglaterra. Me gusta mucho viajar por trabajo, ya que te da la posibilidad de vivir en los lugares y conocer mejor a la gente.
-¿Turista o viajero?
-Yo creo que hay momentos para ser turista en los cuales uno se entrega a esos paquetes que se compran en la agencias de turismo -algo que hice pocas veces porque a mi mujer no le gusta nada eso-, y otros para ser viajero. Soy más el tipo de viajero que cuando va a un lugar a lo sumo puede tener reservado un hotel, y tiene la alternativa de ir cambiando el rumbo. Además cada vez que viajo a un lugar que me gusta, siempre fantaseo con la idea de vivir ahí. Aunque la idea quede en nada.
-¿Playa o montaña?
-Me encanta la playa, lo que pasa es que el sol está bravísimo. Ya está muy acotado el tema de la playa porque te calcina, es sabido que te hace pelota. En ese sentido, la posibilidad de la montaña siempre es buena.
-¿Un destino pendiente?
Oriente. Me gustaría ir a China, conocer la India, los países árabes. Africa también.
-¿Dónde vivirías además de España y la Argentina?
-Me encantaría hacer una experiencia en México y otra en Francia.
-¿El mayor pecado de un turista?
-No caminar.
-¿La mayor virtud de un viajero?
-La curiosidad.
-¿Cómo serían tus vacaciones ideales?
-Qué sé yo..., en la playa. No hacer nada. Y que también haya una pileta. En otro momento te habría dicho conocer Europa, conocer Praga, ¡visitar museos! Pero en este momento lo que más necesito es no hacer nada.
Leonardo Sbaraglia por estos días participa del rodaje de Vaquero, con dirección de Juan Minujin, que se estrenará en abril de 2011. Además, el 30 del actual se estrena Sin retorno, película dirigida por Miguel Kohan en la que también trabaja.
PERDIDO EN TOKIO
Una anécdota que puede resultar un poco ególatra. Hace unos cinco años viajé a Japón a presentar una película que se llama Utopía , y cuando llegó el momento de irme, una semana después, me estaban esperando cuatro o cinco japonesas para que les firmara un autógrafo. Yo no entendía nada, me pareció una cosa extrañísima. Se ve que habían visto algunas películas un año antes, habían pasado una que se llamaba Carmen , que es un poco el ícono de lo español, el flamenco, donde yo trabajé. Pero nunca me había pasado que nadie me esperase en el aeropuerto, ni en la Argentina ni en España. Y me sentí Brad Pitt por un rato.
Otra vez, en un programa de TV japonés, me pasó lo mismo que al personaje de Bill Muray en Perdidos en Tokio . Fui a hacer una entrevista y terminé hablando en japonés a la cámara con unas orejitas de ratón. El entrevistador, un japonés freak, completamente teñido de rubio, hablaba cosas incomprensibles. Una locura.