Hoy recordaba a Don Laureano, un señor mayor, de profesión albañil, nacido en Paraguay y casado con Herminia. Tuvieron dos hijos y lograron comprar una humilde casita a orillas del Riachuelo, sobre la calle Algarrobo y a pocos metros del puente Bosch.
En cierta ocasión haciendo viajes para una empresa, lo conocí a Laureano y a su mujer. Tenia que buscarlo en la citada calle junto al puente y trasladarlo con espera y vuelta a una clínica de Adrogué.
Estos viajes se realizaron en varias oportunidades y durante el trayecto conversamos lo suficiente como para tener acceso a su historia personal y familiar. Los viajes que hacía eran porque había sufrido un accidente en una obra donde trabajaba y debía realizar una rehabilitación en la clínica.
A la fecha ha superado todo lo pasado y vive con su familia en la casita de la calle Algarrobo. Yo siempre asocié su fortaleza y fe, con lo que representa el árbol que da nombre a su calle.
Me resulta inevitable que cada vez que rememoro la historia de Laureano, vincularlo con el puente Bosch.
El mismo cruza el Riachuelo a la altura del barrio de Barracas por la calle Algarrobo y desemboca en el barrio Piñeyro en la localidad de Avellaneda. Está junto a las vías del ferrocarril TBA (ex-Roca).
El puente es metálico y levadizo, se inauguró el 30 de julio de 1908.
La historia del mismo está relacionada con una tragedia sucedida el 12 de julio de 1930. Era una mañana fría y con mucha niebla. El conductor del tranvía de la línea 105, que hacía el recorrido entre Retiro y Lanús, no vio que el puente estaba levantado para permitir el paso de un barco, el tranvía continuó su marcha y cayó en las aguas del Riachuelo.
En el accidente murieron 56 de los 60 pasajeros, en su gran mayoría eran obreros que se dirigían a su trabajo.
En la foto que ilustra la nota se puede apreciar como fue rescatado el tranvía de las aguas del Riachuelo y la cantidad de gente observando el operativo.
Por el 2001 el puente fue clausurado por el deterioro que tenía su estructura. Posteriormente fue reacondicionado y el 5 de junio de 2008 se lo volvió a habilitar al tránsito de autos pero con restricciones de altura y peso.
Evidentemente todo en nuestra memoria se relaciona. Recordé una historieta vinculada con el puente Bosch y la historia del tranvía caído en el riachuelo en 1930.
El guionista Héctor G. Oesterheld, recordado creador de El Eternauta, había desarrollado un personaje muy particular llamado Sherlock Time que con los excepcionales dibujos de Alberto Breccia se publicaron oportunamente en la revista Hora Cero. Le hago un breve resumen de aquel episodio publicado en la historieta Sherlock Time : Una cantidad de personas que hubieran tenido relación por algún familiar muerto en el tranvía que se hundió en el Riachuelo, fueron convocados para realizar una recreación del suceso y hacerle un juicio a la compañía.
El amigo de Sherlock Time, el señor Julio Luna, fue uno de los contactados y en horas de la madrugada en una playa de maniobras del barrio de Barracas, se encontraron con un tranvía idéntico al de la línea 105.
Ya con el pasaje completo el tranvía comenzó a rodar y enfiló hacia el puente Bosch. Por supuesto, estaba levantado y el tranvía cayó a las aguas del Riachuelo y comenzó a hundirse, las ventanillas y puertas estaban totalmente cerradas.
El objetivo era la capturarlos por parte de un grupo de extraterrestres y llevarse a los humanos para investigarlos.
Como corresponde a una buena historieta, intervino oportunamente Sherlock Time y los salvó.
Que increíble como siempre existe un hilo conductor que entrelaza las historias.