Matar por una billetera y una locomotora metafórica
En la pasada semana hubo sobresaltos diversos: aquí, una antología mínima.
Eufemismo. Don Hipólito Yrigoyen siempre exhibió un talento supremo en el arte de no decir nada. Tanto, que alguna vez, para júbilo de sus seguidores habló en un mitin de "las efectividades conducentes". Ahora parece que le salieron discípulos insólitamente entre la militancia pro del flamante Gobierno porteño. Hablan, insistentes, de gente, personas o niños "en situación de calle", que es como denominar a los barrabravas como "hinchas con capacidades especiales". Es decir, hay mucho más precisas y justas formas de llamar a los dejados de la mano de Dios (y de cualquier autoridad) que deambulan su terrible patetismo por las calles de la Ciudad. Por ejemplo, personas desesperadas. O desamparados. O personas en extrema pobreza. O carenciados absolutos. Porque no están, en realidad, en ninguna "situación de calle". Están en la calle porque no les queda otra. Porque nadie los ayuda. Porque nadie se conduele, en serio, de ellos. Nadie les da una mano ni aligera la carga de sus desdichas.
Meter bala. Fue en el centro de Del Viso, a las dos de la tarde, a pocas cuadras de la estación, entre un montón de gente que hacía compras navideñas. De pronto, aparecieron dos patrulleros que iban persiguiendo a dos ladrones. Uno de los policías disparó con una Itaka. Erró. Una vendedora ambulante, Sonia Colman, de 44 años, que mitigaba con un vaso de agua su sed, murió alcanzada por los perdigonazos. Los ¿agentes de la ley? ni socorrieron y continuaron con su persecución, que terminó felizmente con la detención de los arrebatadores, dos menores desarmados. Todo fue por una billetera. El plan del gobernador Scioli para la Bonaerense es dotarla de más poder. No estaría de más que también incluyera responsabilidad e inteligencia. Y dosis mínimas de sensatez, piedad y prudencia.
De tranco lento. Desde la agudeza de la crisis argentina, Lavagna implementó la devolución de 3 puntos del IVA para las compras con tarjetas de crédito -para las de débito es de 5 puntos-. Ahora, de golpe y porrazo, no corre más en 2008. Al parecer, el Fisco se dio cuenta, muy lentamente, que no le cerraba la relación costo-beneficio. También, con la debida pachorra terminó de entender, según voceros, que no tenía por qué subsidiar el consumo de la población con mayor nivel adquisitivo. Una reacción, digamos, con supremo delete. Eso sí, a los que pagan cash porque no tienen otro remedio, es decir los que tienen menos, nadie los subsidia.
Descontrolada. La locomotora arrancó -en verdad, la hicieron arrancar en un acto de sabotaje- en Palmira, cerca de la ciudad de Mendoza y anduvo, enloquecida, a veces hasta a 70 kilómetros por hora, más de 250 kilómetros hasta que lograron detenerla ya en la provincia de San Luis. La máquina fantasma, que atraviesa sola los pueblos y los campos, ¿no traza una metáfora de la Argentina, lanzada a toda velocidad de crecimiento con combustible color soja, hacia un paraíso improbable que incluye desigualdades, hiperconsumos e inseguridad?