A poco más de un año del adiós de Los Piojos en el estadio de River, el cantante volvió con nueva banda y presentó su disco Espejos, en el Luna Park.
"Toooooodo paaaaaaaaaasa, tooooodo paaaaaaaaasa, tooodo paaasa, todo pasa". Andrés Ciro Martínez entona una vieja canción y las cerca de 7000 personas que llegaron hasta el Luna Park corean sobre su voz convenciéndose de que es así, de que en esta vida todo pasa, inclusive esa banda que alguna vez se tatuaron para siempre en la piel. El miércoles por la noche, Ciro y Los Persas hicieron su debut porteño y las huestes piojosas acudieron ansiosas al encuentro de un nuevo ritual. O al menos uno que se parezca a aquel que durante veinte años supo instaurar, paso a paso, el grupo Los Piojos. Y lo encontraron.
Durante las dos horas y media de concierto, la propuesta de Andrés Ciro para abrir esta nueva etapa en su carrera tuvo de todo menos espíritu de quiebre. Todo pasa, sí, pero Ciro sigue el mismo camino. Ni pensó siquiera en la posibilidad de renegar de viejos hits como sí lo hicieron otros solistas tras la separación de sus grupos (cantó "Verano del 92" junto a dos ex Piojos como Micky Rodríguez y Daniel Buira al mando de La Chilinga, en la postal más nostálgica de la noche) e incluso Los Persas respetaron la mayoría de los arreglos de las canciones pertenecientes al catálogo de Los Piojos.
Hubo entonces clásicos de todos los colores ("Te diría", "Luz de marfil", "Ruleta", "Pacífico"), un puñado de influencias hechas canción (sonaron "El viejo", de Pappo; "Debede", de Sumo, y "Miss You", de los Rolling Stones), una puesta en escena acorde a la popularidad de este frontman carismático y la presentación oficial de las quince canciones de su flamante disco Espejos . Hubo nervios de estreno (varios desacoples al inicio de los temas, algún que otro olvido, un video que no sale justo a tiempo), la certeza de que para consolidarse como banda, como amigos, a este conjunto de buenos músicos le falta rodaje (antes de la noche del miércoles, habían tocado públicamente sólo en cinco ocasiones) y hubo también un Andrés Ciro con ganas de dejar en claro que todo pasa, que todo vuelve a empezar, que qué placer verte otra vez.
Ciro dirige la orquesta ("acá no hay discusiones como en una banda, el que tiene la decisión soy yo y eso hace que todo fluya más rápido", había dicho días atrás a LA NACION) y la orquesta responde mejor cuanto más rockea y, en especial, cuando le toca el turno a las nuevas canciones ("Antes y después", "Insisto" y la psicodélica "Ruidos" sonaron impecables). La banda se vistió de persas con turbantes, primero, y de elegante smoking, promediando el show, para el tramo que mezcló blues y rockabilly por igual; fueron aplaudidos por la parcialidad piojosa sin recelo y hasta se ganaron unos instantes de atención exclusiva con un pequeño segmento en el que cambiaron de instrumentos y jugaron a ser protagonistas centrales (el bajista Brother Bastos en guitarra y voz, el guitarrista Juan José Gaspari en batería y el guitarrista Juan Abalos en bajo zaparon en clave brasileña).
"Solo le pido que se vuelvan a juntar" parece haberse convertido en el rezo cantado y obligado para los fans más sentimentales y Ciro, que no dialogó demasiado con la gente en la noche del debut porteño, sugirió: "Si acabamos de juntarnos?" Casualidad, ironía, honestidad brutal o apuesta fuerte del cantante, en ese momento se encontraban en el escenario junto a él Micky Rodríguez y Buira, dos Piojos de la primera época. Todo pasa.