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"Soy una bailaora muy atípica para el flamenco"

La renombrada intérprete madrileña habla de su visión acerca del arte jondo, perspectiva que presentará en Buenos Aires con su compañía Noche Flamenca

PORTO ALEGRE, Brasil.- El detrás de escena de la compañía Noche Flamenca se asemeja a una escena cotidiana en la esquina de un barrio andaluz. Sevillanos, granadinos y gaditanos hablando en caló cerrado. Cantaores escuchando música en sus iPods y bailaores dibujando unos taconeos en el piso. Dos guitarristas tocan por bulerías en un rincón. Soledad Barrio, la bailaora estrella, fuma un tabaquito: uno de los pequeños ritos antes de toda actuación. Debajo del escenario, la primera figura y única mujer del espectáculo Camino al S ur, que cosechó críticas elogiosas por todas las ciudades por donde pasó, no impresiona demasiado. Es pequeña y familiar, como eran las bailaoras de antes, sin aires de diva en su andar.

Todo cambia cuando la artista sube al escenario y se transforma definitivamente en otra mujer, con sus trajes y tacones. La artista crece y ocupa todo el escenario con ese sutil universo coreográfico que despliega en sus estéticos movimientos de manos, la hondura de sus taconeos, las figuras que dibuja con su cuerpo y la poética visual de esos bailes por soleá, que son su marca en el mundo del flamenco. "Es un palo que cuanto más lo bailas, más adentro te metes. Siento que podría estar eternamente bailando por soleá", contará honesta y relajada tras la función del show en Porto Alegre (ver recuadro).

Flamencos por el mundo

Estar de gira es como estar en una suerte de limbo para los artistas. Nunca saben bien en qué lugar están: van del teatro a la habitación del hotel y de allí directamente al aeropuerto para hacer conexión con la próxima parada. Lo único que conocen al final de la función son caras extrañas que se vienen a sacar la foto de ocasión."Mi familia siempre dice que me envidia porque viajo y conozco muchos lugares, pero ellos no saben que apenas salgo del teatro", cuenta Barrio, que conoció Porto Alegre a través de la ventanilla del auto que la lleva hasta su hotel. Su vuelo sale a las 6 de la mañana. Lo único que disfrutará de Porto Alegre es un espeto corrido en un local gaúcho y el desayuno buffet del hotel. Su vida y la de su compañía llevan esta rutina de gira desde hace quince años, llevando el espíritu del arte flamenco alrededor del mundo. Vienen de Nueva Orleáns y una exitosa gira por los Estados Unidos; brillaron en un festival en México, donde abría Bob Dylan, y ahora están a la conquista de nuevos territorios como Brasil. No se queja para nada y se sincera: "Soy feliz bailando. Trabajo es andar con los críos en el metro, llevarlos a la escuela o cocinarles todos los días en tu casa".

Martín Santángelo, su marido y director artístico de la compañía, no es parte de esta troupe . Está viendo el espacio en Nueva York donde Noche Flamenca hará su próxima temporada. La familia de la bailaora en la gira son sus compañeros, los bailaores Antonio Jiménez y Juan Ogalla, los cantaores Manuel Gago y Miguel Rosendo, y los guitarristas Salva de María y Eugenio Iglesias, que se lucen con ella en Camino al S ur. "De gira se extraña, pero hay que salir a buscar el trabajo afuera porque en España no hay. Además, el aplauso es el alimento del artista", cuenta el manager de la compañía, un asturiano simpático con más historias que Joaquín Sabina, al que no se le caen los anillos cuando tiene que acomodar las sillas en medio de las escenas o sacarle punta a un lápiz para los ojos de la primera figura de la troupe .

Hija de un taxista y un ama de casa, sin orígenes gitanos ni artísticos, Soledad Barrio dice que nunca pensó que iba a encabezar una compañía propia. Empezó en la adolescencia a tomar sus clases de baile (lo que se considera tarde para el precoz mundillo flamenco), aunque rápidamente se transformó en una alumna destacada y primera figura del Ballet Español de Paco Romero. El debut de la compañía fue en un loft neoyorquino, casi de casualidad, para un evento privado ante un grupo de amigos, en el que había gente influyente de Manhattan.

"El nombre de la compañía se lo inventó la madre de Martín. Nos gustó cómo quedó y así seguimos", dice con sencillez la artista. La compañía con asiento en Madrid y un elenco rotativo de veinte artistas (por el que pasaron Belén Maya, Alejandro Granados y Antonio Vizarraga) no para de salir de gira, y el secreto reside, en buena medida, en los originales montajes de Santángelo y el baile de esta madrileña. "Yo soy una extraterrestre del flamenco. A mí me gusta mucho lo teatral y por eso me gusta la soleá, porque me da tiempo a buscar otra cosa en el baile. En realidad, me muevo en el flamenco, que fue lo que me llamó desde pequeña, pero me gusta un poco perderme y disfrutar ese momento del baile. A lo mejor soy un poco más dramática. No me considero bailaora, bailaora...

-¿Qué implicaría ser bailaora?

-Yo sé que si rematas bien el cante, paseas el compás de la guitarra y haces las cosas correctas, muchos compañeros te dirán que has bailado bien. Y sólo algunos te dirán que lo hiciste bien cuando no has hecho lo que hay que hacer en una estructura flamenca. Quizá yo no esté dentro de los cánones del flamenco. A mí me gusta trascender eso y es que no sería yo, si no. Es inevitable.

-Es, como dicen los flamencos, bailás a tu aire.

-Yo no estoy en mi estudio pensando sólo en hacer lo correcto, sino que estoy interesada en hacer otras cosas. En la vida hay que elegir. Puedo estar ocho horas pensando en que esto se remata así o esto se cose por acá. O puedes estar cuatro horas haciendo lo correcto y otras cuatro haciendo lo que a mí me llena como bailaora que es la creación. Es ser honesto con tu baile, aunque muestres que no eres perfecto. No me interesa bailar con esos cuatro pasos que sabes que no van a fallar. Puedes ver mucha gente que siempre hace lo mismo porque se te va a ver flamenco haciendo esos pasos. Pero ¿para qué quiero ser igual a otro bailando? Es que yo sigo aprendiendo y nunca llego a saber lo que tengo que saber.

-¿Por qué elegiste la soleá como tu sello distintivo?

-Es el palo en el cual más a gusto me encuentro en el baile. Cuando bailo soleá, no busco hacer nada diferente ni algo nuevo, sino lo que busco es ir más hacia adentro de lo que ya conozco, o de aquello que yo amo, que es el flamenco. La soleá es como un camino que va más y más atrás.... Me suena como a la prehistoria. Es como que te llega al alma.

¿Qué expresa la soleá?

-Para mí, la soléa lo expresa todo. A veces, cuando empiezo a bailar por soléa, me siento como si estuviese en una iglesia, sin importar el credo. Es una experiencia religiosa y espiritual.

Por Gabriel Plaza
Enviado especial

Martes 28 de setiembre de 2010

Fuente

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