El cerebro sónico del Nordeste actúa en el ciclo MUBA
A Chico César nunca le interesaron las clasificaciones, y como buen antropófago musical su sonido neotropicalista (efecto renovador que provocó la generación de Carlinhos Brown y Marisa Monte) es el producto de una notoria capa de influencias como la música aleatoria, la poesía concreta, el cinema novo, la poesía porno, la música del mundo, el dodecafonismo, el pop inglés, el forró nordestino y la popularidad kitsch de las telenovelas. "Me gustan las impurezas en la música. No me interesa trabajar un ritmo de forma tradicional. Yo soy un «desgenerado», el valor no está en la pureza sino en cómo ese género natural se ve afectado por la influencia de otras culturas, cómo se «desgenera». Esa es una característica de mi generación."
Como los artistas más brillantes surgidos en el nordeste brasileño -de Chico Science a Lenine-, el cantautor es otro ejemplo de esa mixtura de culturas entre Africa y los indios tupí de Brasil, formado por los ritmos populares, siempre atento a las novedades musicales y las diferencias que existen en su propio país: "Cuando uno piensa en Brasil, piensa en las contradicciones del imaginario brasileño, porque en la música cada región tiene su sonido", explica este juglar moderno y tradicional, que viene a mostrar esa diversidad de estilos -pop, reggae, forró, samba- en el concierto que ofrecerá el domingo en el ND/Ateneo, como parte del ciclo MUBA.
Chico es un rastreador (una deformación de su antiguo oficio de periodista) y amplificador de lo emergente de la cultura popular. Su antena capta enseguida los desplazamientos de las tradiciones hacia la modernidad. Su nuevo proyecto, Francisco forró y frevo, es una metáfora de la riqueza y pulsión que tienen estos géneros populares en las nuevas generaciones. "Este álbum está principalmente dedicado al frevo, que es una música muy asociada a una región y a un momento determinados como la época de carnaval entre Pernambuco y Salvador de Bahía. Varios compositores crearon frevos, como Gil, Caetano, Chico Buarque, pero en general es una música de un sector y de una región que de a poco empiezan a tomar los jóvenes."
Chico César fue capaz de tomar este ritmo popular y proyectarlo en nuevas composiciones, que tienen el tratamiento de productores hype de Brasil como Mario Caldato Jr. (el mismo de Beastie Boys y Beck en la masterización) y BID, que produjo el emblemático Afrociberdelia, de Chico Science & Nação Zumbi. "Hay un audio nuevo del frevo en el disco. Como no soy un tradicionalista, prefiero trabajar con personas que traen informaciones nuevas. Ellos no tenían vivencia de esos ritmos y fue muy interesante ver lo que producían. Eso les dio otro aire a las músicas y a la sonoridad de los frevos", cuenta Chico.
El resultado son catorce canciones "para escuchar en cualquier día de la semana, en cualquier época del año y más obligatoriamente cuando se tiene una fiesta", según aconseja la crítica de Estado de San Pablo. El cantautor, que popularizó su obra en las voces de Daniela Mercury, María Bethania y Rita Ribeiro, explora de cerca ese fenómeno musical y social. "Quería hacer un disco de frevo en mi vida porque quería sacarlo de su regionalismo cultural. Pasó como con el forró, que era una música de las zonas rurales que llegó a ser tocada hasta en Estados Unidos por músicos de jazz. El forró ya trascendió, y encuentro que puede pasar algo parecido con el frevo, que es un ritmo bien del interior. El frevo es como un primo del forró."
Chico César está convencido de que el frevo tiene un código universal y despierta una fiebre incontrolable, parecida a la que despiertan los sonidos balcánicos de Europa del Este. "Es una música alegre, que pasa por el cuerpo y nada por el intelecto. La sensación que provoca es de un hervor permanente."