La pantalla chica se sacudió para recordar la vida frente a cámaras de Romina Yan y alteró su ritmo habitual para despedirla
Unidas por el dolor compartido en el último adiós a Romina Yan, cuyos restos fueron inhumados ayer al mediodía en un cementerio privado de Pilar, las máximas personalidades de la televisión argentina vivieron ayer una jornada de profundo duelo. Esa congoja se extendió en toda su desgarradora plenitud a la pantalla, que durante las últimas horas silenció sus cotidianos alborotos mediáticos para acompañar a la familia de la actriz fallecida anteayer, con 36 años apenas cumplidos, luego de sufrir un paro cardíaco.
Este cuadro de enorme pesadumbre registra pocos antecedentes en el medio, seguramente por tratarse de la prematura desaparición de quien era la más joven exponente de una dinastía que escribió páginas centrales de la historia de la televisión argentina desde sus comienzos, y mantiene hoy una vigencia plena y protagónica en la figura de Gustavo Yankelevich y Cris Morena, los padres de la estrella desaparecida.
Junto a ellos y al resto de su familia, participaron en la víspera de la ceremonia religiosa y de las exequias en el Jardín de Paz las figuras centrales de la pantalla chica local. Estuvieron, entre muchísimos otros, Mirtha Legrand, Susana Giménez (con su hija, Mercedes Sarrabayrouse, y su yerno, Eduardo Celasco), Marcelo Tinelli, Andrea y Nicolás del Boca, Adrián Suar, Pablo Codevilla, Eduardo Fernández, Arturo Puig, Selva Alemán, Claudio Villarruel, Bernarda Llorente, Guillermo Francella, Pablo Echarri, Nancy Dupláa, Maru Botana, Facundo Arana, Agustina Cherri, Enrique Estevanez, Gabriel Corrado, Fernando Bravo, Luisana Lopilato, Gino Renni, Gerardo Rozín y Benjamín Rojas, además de ejecutivos de las productoras RGB y Cris Morena Group.
Todas las instancias de ese doloroso trance fueron seguidas en la víspera desde la puerta del cementerio privado por cámaras y micrófonos con una actitud más pudorosa y distante de lo habitual, dejando sólo a familiares, amigos y figuras compartiendo la intimidad de la despedida a una de las hijas más dilectas del medio (ver aparte) y expresando a la distancia todas las manifestaciones del desconsuelo.
Ese abandono momentáneo de las conductas más indiscretas podría explicarse en el hecho de que la carrera de Romina Yan -en consonancia con la conducta del resto del clan familiar- siempre se concentró en el trabajo profesional, ajena a cualquiera de las múltiples fórmulas que adopta el escándalo.
En este sentido, adquiere todavía ribetes más conmovedores la noticia, conocida más al detalle en las últimas horas, de que Yan preparaba en silencio su regreso a la televisión abierta con un ciclo que ya contaba con el visto bueno de las autoridades de Telefé, iba a iniciarse en diciembre y estaba destinado a los niños de hasta 7 años, en línea con la fecunda etapa que desarrolló años atrás junto a Omar Calicchio en Playhouse Disney , el segmento preescolar que se inició con ellos en el Disney Channel y luego se convirtió en una señal propia con ese nombre.
Ese reconocimiento quedó reflejado, al mismo tiempo, en el sincero interés del público por conocer la evolución de un anuncio tan penoso como inesperado, conducta que se manifestó en un inmediato aumento del encendido y un rating superior al habitual en noticieros y programas dedicados a la farándula.
La sensibilidad de los televidentes y del propio medio, frente a la sorpresa y la magnitud de la noticia, creció en forma paralela al tratarse de una figura que surgió del corazón de la pantalla. Allí creció, se afirmó, lució todas sus condiciones, habló de sus tres hijos, confesó sus debilidades y encaró nuevos rumbos frente a millones de ojos que se acostumbraron con el tiempo a no verla en otro lugar. También a escucharla con alguna frecuencia confesarse en relación con sus desequilibrios corporales y su lucha contra la anorexia.
Esa necesidad de certezas también determinó en parte el rumbo de la repercusión televisiva. En las primeras horas posteriores al triste anuncio, lapso extendido hasta el mediodía de ayer, la noticia de la muerte de Romina Yan hizo invisible al resto de la actualidad en los espacios y las señales informativas. Y en el seguimiento del hecho ocupó en todo momento el primer plano la búsqueda de explicaciones y referencias en torno de los casos de muerte súbita.
Ayer, fuentes judiciales informaron que en la autopsia realizada en el Hospital de San Fernando, y que estuvo anteanoche a cargo del cuerpo forense de la Policía Científica de San Isidro, no se pudo determinar en principio la causa del paro cardíaco que causó la muerte de la actriz, por lo que se aguardan estudios complementarios. Los médicos comprobaron, a la vez, la ausencia de lesiones, golpes o indicios de algún tipo de situación traumática en el cuerpo.
Mientras se cumplían esas diligencias, la pantalla chica alteró por completo sus rutinas y los noticieros prolongaron sus emisiones, además de verse favorecidos en las mediciones de audiencia (ver aparte). El levantamiento de ShowMatch , el programa más visto de la TV local, fue el hecho más importante. La estrecha amistad entre Marcelo Tinelli y Gustavo Yankelevich llevó además a que todos los programas ligados al fenómeno ShowMatch se dedicaran íntegramente a mostrar las inmediatas repercusiones del deceso.
Anteanoche, además del ciclo de Tinelli, quedó fuera del aire Justo a tiempo , cuyo conductor, Julián Weich, se limitó a expresar un mensaje de condolencias. Ayer, en tanto, Mirtha Legrand decidió cancelar su almuerzo para estar presente, a la misma hora, en la ceremonia de inhumación (fue reemplazado por Intrusos ).
Al mismo tiempo, los ecos de la noticia trascendieron las fronteras locales. Varios medios gráficos del exterior, en especial en Chile, Uruguay y España, recordaron a Romina Yan en espacios destacados y subrayaron especialmente su papel protagónico en Chiquititas , el programa que le permitió saltar a la fama internacional. Lo mismo ocurrió en lugares aún más alejados, como Israel, donde también llegaron sus telenovelas.
En el anochecer porteño, un puñado de fans con claveles blancos en sus manos se concentró junto al Obelisco para compartir un festejo espontáneo que no contó, según expresa mención en un comunicado, con el respaldo oficial de las productoras de Cris Morena y Gustavo Yankelevich.
Poco antes, ahora sí por expreso pedido de sus padres, se emitió el capítulo habitual de Casi ángeles , a fines de cuya temporada actual se esperaba el regreso de Romina Yan. La televisión empezaba a volver a la normalidad, aunque el estado de abatimiento vivido en las últimas horas tardará mucho en desvanecerse.
Por Marcelo Stiletano
De la Redacción de LA NACION