Por la menor minucia, la TV se desborda fácilmente. La afectación y lo enfático son los condimentos predilectos de sus menús repetidos y, en no pocos casos, indigestos.
Para un observador ajeno al drama de la familia Yankelevich, las honras funerarias televisivas en cadena virtual, la catarsis verborrágica y de imágenes que comenzaron a sucederse en torrente, y el levantamiento de programas tan pronto se conoció la muerte de Romina podrían parecer excesivos, otra de las exageraciones habituales de ese medio tan proclive a sensiblerías obvias.
Más allá de la tristeza y del estupor que naturalmente nos embarga cuando nos enteramos de la muerte prematura y abrupta de una persona joven y, en este caso, encima conocida, tomé conciencia de su colosal dimensión cuando noté cómo impactaba en mis cuatro hijas, que tienen entre 17 y 25 años, aún siendo tan diferentes entre sí y teniendo intereses muy diversos.
No se trata de la fría calidad, esa incomprobable abstracción que buscamos a veces obsesivamente los críticos, sino de algo mucho más intenso e intangible pero, por eso, más profundo ligado a los propios recuerdos y sentimientos infantiles: para las más grandes, Romina Yan significaba Jugate conmigo ; para la tercera, Chiquititas, y para la cuarta, haber visto alguno de los espectáculos en los que participó en el Gran Rex y su incursión el año pasado en Casi ángeles; y, para todas, sus certeros pasos de comedia en Amor mío y en Bella & Bestia , en años recientes.
Para lograr esa diversidad que impregnó parte del crecimiento de mis hijas, Romina cumplió, a su vez, sus propios (pesados) mandatos familiares: hija, nieta y bisnieta, por parte del padre, de importantes hacedores de la TV argentina; hija, por parte de madre, de la más exitosa productora de contenidos infanto-juveniles, su destino en el mundo del espectáculo parecía cantado y servido.
Protagonista de obras y ciclos producidos por sus progenitores, intermitentemente ese corset se le volvió incómodo y buscó sus propios caminos.
Rechazo y atracción: las luces de la fama la encandilaban un poco.