Bienal de Lyon En un amplio registro, se vieron obras que homenajearon al Africa, y otra que aludió al agente secreto.
El extraño e inquietante mundo del Africa negra, y también el arte que encuentra allí sus orígenes, tuvo una importante presencia en el marco de la Bienal de Lyon. Obras de grandes coreógrafos de los Estados Unidos de raza negra se presentaron en dos de los más bellos teatros de la ciudad que durante estos días respira danza cotidianamente: la compañía del célebre Bill T. Jones puso en escena en la Maison de la Danse una obra creada en 2009 e inspirada en Abraham Lincoln y particularmente en su lucha por la abolición de la esclavitud.
La compañía del no menos famoso Alvin Ailey -en realidad compañía juvenil, la Ailey II- trajo al antiguo teatro Des Celestins un número de obras del propio Ailey, que murió en 1982, y también de nuevos coreógrafos. Los dos programas que la Ailey II eligió para la Bienal de Lyon incluyeron dos versiones de Revelations (1960), la pieza seguramente más famosa de Alvin Ailey y que habla de las alegrías y dolores de sus hermanos de raza.
Revelations tiene como soporte sonoro una serie de gospels y concluye de una manera festiva y optimista; aunque ligeramente anacrónica, sigue siendo una obra muy efectiva.
La creación de Bill T. Jones, por su parte, cuyo título es extremadamente largo, pone en escena a diez bailarines, dos cantantes, un actor y tres músicos. Escénicamente muy elaborada y con algunos bellos pasajes coreográficos, la creacion de Bill T. Jones queda un poco aplastada por su mensaje moralizante y ejemplificador sobre la figura de Abraham Lincoln.
Germaine Acogny es una admirada bailarina y pedagoga de Dakar, extremadamente apreciada por Maurice Bèjart, quien hace muchos años la impulsó a crear en Senegal una escuela de danza a semejanza de su Mudra, institución que él había fundado en Bruselas y que alcanzó una enorme fama internacional.
Fantástica bailarina aunque tiene ya 66 años, Germaine Acogny prefirió, en este solo que presentó en Lyon, bailar poco y hablar mucho. Una pena.
Ya comenzada la semana, una extraordinaria sorpresa : el coreógrafo Nasser Martin-Gousset con su compañía radicada en París, llevó a escena una extraordinariamente imaginativa recreación del imaginario James Bond.
Aunque el tema en cuestión puede parecer un anclaje imposible e incluso algo extraño para una obra de danza, lo que se vio generó una sorpresa total en quienes presenciaron la puesta.
Martin-Gousset logra construir con sus trece bailarines, un inmenso (tanto en ancho como en alto) tobogán y una perspectiva coreográfica muy personal. En escena puede verse ese mundo prototípico de chicas peligrosas, agentes de identidades múltiples y riesgos jugados con elegancia.