El director corporiza mejor que ningún otro la idea de llevar la música clásica a un público masivo, hecho que se corroboró ayer
Si existe un director emblemático que corporiza mejor que ningún otro la idea de llevar la música clásica a un público masivo, ese es Zubin Mehta. Un hombre que por su extraordinaria intuición para el espectáculo ha dado vida a algunas de las más altas expresiones del concepto de "megaevento musical", popularizando obras e intérpretes clásicos a un nivel sin precedente. El mejor ejemplo de ello: el fenómeno de los tres tenores que protagonizó junto a Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. No en vano, una de sus definiciones de la dirección orquestal es que "dirigir implica comunicar", y en esa enunciación encierra los secretos de su carisma (imagen, gestualidad y glamour ).
Ayer al mediodía, en un concierto libre y gratuito, organizado por el Ministerio de Cultura de la ciudad, el genial director indio (nacido en Bombay en 1936, que viene a la Argentina desde 1962), hizo gala de su seducción con el público, dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Munich en el Obelisco porteño. Tratándose de una orquesta germana, la ciudad propuso como homenaje, que el concierto (realizado un día antes de la celebración de la reunificación alemana) fuera un festejo del Bicentenario y una celebración de la apertura al mundo.
Fue inmejorable la programación, pensada para crear una inmediata llegada al público: obras cortas, formalmente sencillas, coloridas y brillantes, que ponen de manifiesto virtuosismo y contrastes expresivos en un marco de gran efecto musical. Los denominadores comunes del repertorio fueron la espectacularidad y una fuerte presencia del ritmo a través de las danzas (polcas, valses, danzas eslavas y húngaras), de Johann Strauss Jr., Johannes Brahms y Antonín Dvorák. Aquí, tanto el director como la orquesta (ideal en su sonoridad para piezas de tradición centroeuropea), pusieron todos los ingredientes para condimentar el atractivo menú de un mediodía vibrante: potencia y precisión rítmica, swing, gracia y buen gusto. Pero, más que nada, ese otro don por el cual se lo reconoce a Mehta: la sensibilidad para darle el tempo giusto a un gran espectáculo.
Todo eso tuvo este concierto y más: la joven, virtuosa y aplomada violinista japonesa Mayuko Kamio, sobresaliente en el Concierto de Max Bruch y la Fantasía de Pablo de Sarasate. Por último, quince músicos de la orquesta juvenil El Porvenir se sumaron a la formación bávara para brindar un emocionante cierre: la Solemne Obertura 1812 , pieza triunfal, de Piotr Ilyich Tchaikovsky, de afirmación nacionalista, ejecutada con un esplendor que hizo estremecer el corazón de la ciudad bajo un tibio sol de primavera.
En síntesis, una propuesta impactante, organizada con eficiencia técnica (en el montaje de estructuras y correcta amplificación acústica que es lo más delicado en este tipo de eventos) y excelente atmósfera de público. Una iniciativa que, junto al concierto de Daniel Barenboim en el mismo escenario, se inscribe como uno de los inolvidables hitos bicentenarios y reafirma a Buenos Aires como una capital de jerarquía internacional a nivel cultural.
Cecilia Scalisi
APOSTILLAS
Más de 30.000 personas disfrutaron, bajo el sol, del concierto
Multitudes. Si bien el concierto de Mehta y la Filarmónica en el Obelisco no tuvo la masividad del que dirigió Barenboim hace poco más de un mes, el de ayer también contó con muchísima gente, a tal punto que las ocho mil sillas ubicadas delante del escenario estaban ocupadas un par de horas antes de que comenzara la función, y con los parados a los costados de la avenida la cifra trepó hasta los 30.000 espectadores, según los organizadores.
Popular. Juan Carlos Martínez, un jubilado que estaba sentado en la primera fila, se quejó un poco de lo popular de las obras elegidas para el repertorio: "A la gente no hay que darle baratijas, no sé por qué no eligen obras más complejas". Al minuto miró a esa cronista y le dijo: "Parece que me escucharon, miren lo que están pasando ahora" manifestó en referencia a la obra de Bruch que interpretó la Filarmónica a continuación. A su lado, una joven le retrucó: "A mí me encanta que toquen algo conocido, que pueda seguir el ritmo con el pie".
Emoción. Sorpresa y emoción generó la actuación de la violinista japonesa Mayuko Kamio, de sólo 24 años: "Esa chica deja ver el alma cuando toca dijo emocionada Elsa, una melómana que llegó al Obelisco desde Lomas de Zamora. Me hubiese gustado verla en el Colón pero la verdad el valor de las entradas está lejos de mi realidad".