Respondiendo un viaje de la radio, me encontré con un matrimonio de avanzada edad y de nacionalidad rusa.
Se trataba del señor Estanislao y de su esposa Olga. Ellos se dirigían a escuchar la misa dominical en la Iglesia de su comunidad, ubicada en la calle Nuñez casi Superí.
Fuimos conversando un rato durante el trayecto y así me enteré que hacía mas de 70 años que estaban en la Argentina. Habían llegado de Rusia y aquí formaron su familia con hijos, nietos y bisnietos.
La señora Olga con sus 88 años no se encuentra muy bien de salud, pero los domingos hace un esfuerzo para poder asistir al oficio religioso en la Iglesia Ortodoxa Rusa y Catedral de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
El matrimonio bajó allí y entonces pude apreciar la arquitectura de aquel templo con sus cúpulas de forma "acebolladas" y de color celeste.
Preguntando, me enteré que la Iglesia fue construida en la segunda mitad de los años 50 del siglo pasado, por los inmigrantes políticos rusos que arribaron a nuestro país después de la segunda Guerra Mundial.
Continué con mi recorrido y nuevamente con un viaje de radio fui a buscar a la señora Mariela, que es médica pediatra en un sistema de ambulancias de emergencias médicas.
Ella ingresaba a las 7 de la mañana para tomar la guardia de 24 horas en su trabajo. Aquí vemos como el mundo del taxi es una caja de sorpresas y quien maneja se puede encontrar con las situaciones más disímiles.
Llegamos a su destino y al descender me prometió llamarme para contarme algunas anécdotas de lo sucedido durante varios años de profesión.
Mariela se bajó y volví a encender el sistema de radiotaxi y recibí un viaje. Tenía que ir a buscar a una pareja en un albergue transitorio. Llegue al lugar, ingresé a las cocheras y apareció una pareja que se despidió junto al taxi. El señor subió a su automóvil y la señorita que se llama Lorena, ascendió a mi coche, indicándome a que lugar debía trasladarla.
De nuestra conversación se desprendió que ella tiene su pareja y el señor que la acompañaba también, pero se encuentran una o dos veces por mes y tienen un encuentro sin compromisos, casi lo que ellos llamarían "un oasis en sus vidas"
Lorena trabaja en una empresa de medicina prepaga y cuando yo la dejé en la puerta de su casa ella iba a tomar una ducha, luego a descansar hasta las 16, momento en que se levantaría para reingresar a su trabajo, porque ese domingo no tenía franco.
Entre estas historias cuadra muy bien aquel título de Enrique Santos Discépolo de "La Biblia junto al Calefón", desde la Iglesia Ortodoxa Rusa hasta la ducha de la señorita Lorena.