Una propuesta dura, pero muy bien resuelta por la dirección de Pablo Bontá
Todas tus muertes . De Pablo Bontá y Rafael Bruza. Intérpretes: Rafael Bruza, Eleonora Pereyra y Héctor Segura. Diseño de luces: David Seldes. Música: Hugo Druetta. Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo. Dirección: Pablo Bontá. Centro Cultural de la Cooperación. Sábados, a las 20.15.
Nuestra opinión: buena
Una de las tantas angustias existenciales que padece el hombre es la muerte en sus dos variantes: la propia y la de los seres amados. Sócrates afirma: "El temor a la muerte, señores, no es otra cosa que considerarse sabio sin serlo, ya que es creer saber sobre aquello que no se sabe. Quizá la muerte sea la mayor bendición del ser humano, nadie lo sabe, y sin embargo todo el mundo le teme como si supiera con absoluta certeza que es el peor de los males".
Puede haber distintas razones para la desaparición física: la que deviene como un proceso natural (suceso obtenido como resultado de la incapacidad orgánica de sostener la homeostasis), por accidente, por siniestro, por homicidio, por enfermedad o por cualquier otra causa.
Este es el punto de partida de esta pieza, absurda en su desarrollo, que presenta a un hombre víctima de todas las enfermedades imaginables que le facilitan sumar también la hipocondría. Ahí está, un digno representante de la humanidad, un sobreviviente que supera cada uno de los escollos que atentan contra su salud, circunstancia que lo legitima para ilustrar al resto de los mortales a través de conferencias sobre la vida y la muerte. Es difícil imaginar que otro actor pudiera hacer el papel protagónico que tan bien elabora Rafael Bruzza al darle un matiz caricaturesco a su composición. Claro que dentro de las intenciones del director Pablo Bontá está endulzar la puesta con mucho humor para aliviar el tema, ya que, de otra manera, sería difícil enfrentar esa catarata de males que amenaza la vida del hombre y ante la cual no sólo se encuentra impotente, sino que también se ve obligado a convivir permanentemente con la idea de la muerte.
También contribuyen los trabajos de Eleonora Pereyra y Héctor Segura, como los abnegados enfermeros que atienden y alivian al enfermo, y representan su tarea de pregonero voluntario.
Sin lugar a dudas, una propuesta que pega duro al espectador, aunque éste trate de asimilar el golpe con una sonrisita nerviosa.