Era una de esas hermosas mañanas de nuestro querido Buenos Aires. Circulaba vacío por Peña acababa de cruzar Austria cuando vi a un hombre, que vestía un uniforme verde con cintas reflectantes en sus pantalones. Se lo notaba muy nervioso. Al verme, me hizo señas y se dirigió hacia mí.
El hombre, que se desempeñaba como barrendero, se acercó y me dijo que a la vuelta, sobre el Pasaje Bollini, había una señora que necesitaba urgentemente un taxi. Le agradecí el dato y doblé por el pasaje. A los pocos metros sobre la angosta vereda estaba una joven, junto a un hombre con un bolso. Ella estaba aferrada a los barrotes de una reja de un ventanal muy antiguo. Estaba embarazada y con dolores de parto.
Las contracciones casi no le permitían hablar ni subir al taxi. Lentamente con la ayuda de su esposo se acomodó lo mejor posible y partimos hacia la Maternidad Suizo Argentina de la avenida Pueyrredón.
Durante el trayecto, como para distraerla de sus dolores, comentamos la actitud del barrendero, cuyo nombre, aún hoy, desconozco. Días después, lo estuve buscando por la zona, quería saber su nombre y que los lectores conocieran a quien, desde su anonimato, fue una pieza fundamental para que todo saliera como debía ser.
En la breve charla mantenida con los hasta entonces futuros padres, supe que esperaban un varón y que lo nombrarían Manuel Pedro Sánchez Sarmiento.
Cuando llegamos al destino, le pedí al esposo que me mandara un mail para saber cómo había salido todo.
Seguir tras una historia. Los despedí con los mejores deseos de felicidad y reanudé mi camino, volví a pasar por el Pasaje Bollini. Allí, subió una pasajera, Estela, que vive en el lugar hace más de sesenta años. Ella me brindó algunos datos interesantes y nombres de algunos de quienes habitaron ese pasaje de empedrado desparejo que Jorge Luis Borges citó en algunas de sus historias.
Estela recordó a un almacenero, Don Tito y a su vecino Benjamín Ternaruder, ya fallecido, que decía: "Hay que ganar dinero decentemente, pero si no se puede ganar dinero decentemente, hay que ganar dinero". En la zona, también está el taller de Nicolás García Uriburu.
Con una sonrisa cómplice por la frase de don Benjamín, Estela habló sobre la modista del barrio, Joaquina Burgos, a quien recordó con mucho cariño.
Es muy lindo recorrer a pie las dos cuadras que conforman el Pasaje Bollini, con sus veredas desparejas y su empedrado gris. De día se aprecian las propiedades y su arquitectura. De noche, la música de los distintos locales y el aroma de las cocinas que invitan a una velada agradable en compañía de amigos.
El viaje en cuestión sucedió el viernes pasado, por suerte, porque de haber ocurrido ayer, nos hubiera resultado imposible llegar con los papás de Manuel Pedro hasta la clínica porque la ciudad estuvo cortada en dos por la maratón que impidió el correcto desplazamiento. Seguramente, Manuel hubiera nacido en el taxi. Creo que para los próximos eventos se debería prever calles con salidas para emergencias semejantes.